ACADEMIA DE BRUJAS

«ACADEMIA DE BRUJAS»

 

 

Tenía 15 años cuando mi madre me matriculó en la academia de magia y brujas, habían unas brujas  simpáticas, orgullosas, magos algo creídos y machistas, pero ellos me consideraron una bruja pésima ¿Saben por qué?

La verdad nunca lo supe, y ahora que lo sé no me importa, aunque tenía mi propio grupo de brujillas con las que nos burlábamos de las otras brujas. Realmente estábamos divididos en dos logias, pero al final,  supuestamente era una sola logia.

Prosigo, mis brujillas y yo, nos enfrentábamos a las alumnas del norte, se creían más brujas que las otras porque ganaron uno que otro concurso de magia y vuelo corto. Ni siquiera vivían de la magia, tampoco volaban alto que era lo peor.

Las del sur, se consideraban las súper magas y las alababan, por los hechizos que le donaban sus padres a la escuela.

Las del este, si tenían magia  y mucha, pero el ego las tenía volando en escoba de cristal. Olvidando que a ellas, también les tocó aprender, ¡qué falta de humildad!

 Y las del oeste, eran algo reservadas, las más maquiavélicas en todo sentido. Por otro lado, querían fama, dinero y gloria, hacían conjuros y supuestamente la bruja de los conjuros era solo yo.

Mi madre, la reina bruja, observaba, me miraba y se reía, yo soy la bruja consentida de mamá, pero  ellas no lo sabían. Eso creí, en ese momento.

Ya se acercaba el gran día del concurso de magia y vuelos de escoba, en el grupo de la luna azul, solo brujas, magos y hechiceros en el grupo de la luna verde.

 Soy sincera, a veces volaba bien, otras veces no tan bien, pero volaba. Sé que ellas menospreciaron  mi magia, y la menos indicada para representar la academia de brujas, armaron unos dramas para opacarme que ni se imaginan, pero gracias a mi magia, “aclaro, nací con ella”, nunca pudieron vencerme. El oráculo de la logia me vaticinó que yo tendría un futuro mejor que ellas, después entendí por qué.

Yo estaba feliz. Pero la dicha duró poco, debía presentarme con la abuela. Y ella era la Jefe de las brujas, a veces no le importaba que fuera su nieta. ¡Fatal!

No me quería ir de la logia a pesar de que las otras brujas eran hipócritas conmigo, incluso, querían saber mis trucos, que barbaridad. Llegó el día de la luna azul, todas las brujas encapuchadas, ninguna se dejó ver la cara, nos alistamos y salimos, nuestros magos y hechiceros nos seguían las pistas; nuestro primer obstáculo fue el viento del norte, sacudió nuestras escobas, haciendo que unas colegas se fueran al piso, después, las brisas gélidas del sur, congelaron los palos partiéndose en mil pedazos, pobrecillas, otro resto se fue para los árboles.

Apareció el hechicero del este, lanzó rayos por doquier, más de una bruja salió chamuscada. Caramba, ya faltaba poco para coronar nuestra meta y apareció mi abuela por el oeste, que golpe familiar tan bajo, creí morir, mi abuela nos mandó una bandada de cuervos que, desgraciadamente, a más de una mandó a pique hacia el mar.

Cuando divisamos por fin la meta final, quedamos diez brujas, mi madre, lanzó un hechizo donde las escobas cogieron vida, retorciéndose para tumbarnos, vi mi final, de un momento a otro, el viento me habló y dijo, — activa la magia de tu corazón—, me costó un poquito activarla, pero  transformé mi escoba, ya no era de cristal era de madera. Feliz, muy feliz subí y gané, llegué a la meta, el premio fue un gatito negro. Estábamos celebrando cuando nos descubrimos las caras, que fastidio, las compañeras de la academia, resultaron ser las brujas de mis tías y mis primas disfrazadas. Que día de brujas tan patético, por honor propio, tuve que ganar y representar a la logia de brujas envidiosas…

 

 

 

Recommend0 recommendationsPublished in CONCURSOS

Artículos relacionados

Respuestas

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *