Amanda

-¡¡¡¡Estos inútiles se van a enterar!!!-rezongó la directora del departamento.

Y abrió de un portazo su despacho. Varios empleados dieron un respingo. Y no quedó ninguno que no levantara la cabeza alarmado ante esa señal tan inequívoca de que algún puesto peligraba o alguno podía quedar humillado de nuevo delante de todos sus compañeros. Lo más gravoso era que la gran mayoría de las veces no existía motivo para esa amonestación.

Amanda no tenía secretario permanente. Ese puesto quedaba vacante con una alarmante frecuencia , dejando patente que no había empleado que aguantara las vejaciones y la presión de la jefa durante más de dos meses. Ella  decidió que fuera un puesto rotatorio entre todos los de la sección . Así no se vería sin su “secretario víctima “ con quien poder cebarse cuando tenía un mal día , lo cual  era bastante habitual en ella.

Después de “bronquear “ y amenazar con el despido a Rosita , por haber traspapelado un importante documento  , se dirigió a la máquina expendedora y sacó una bolsita de almendras . Con un rostro avinagrado , y paso lento, vigilando por encima de sus gafas a toda su “manada de inútiles “, iba echándose de una en una las almendras a la boca, engulléndolas casi sin masticar . De repente, se paró en seco , en mitad del pasillo, y comenzó a toser fuertemente. Su cara se congestionó, tenía los ojos desorbitados, tosía atronadoramente hasta que su cara comenzó a tornarse lívida y dejó de respirar. Comenzó a hacer sonidos guturales, pidiendo ayuda entre todos sus empleados, a la vez que se llevaba las manos a la garganta.

Todos la miraban atónitos, pero nadie se levantó .

Un silencio tenso , inundaba la oficina, a la vez que una complicidad múltiple , los dejaba a todos ajenos a esa  escena mortal que se estaba desarrollando ante ellos. Ninguna de las ocho personas que constaba el departamento de publicidad quiso interferir ante ese dramático cuadro.   

Fueron cinco minutos escasos lo que duró aquella esperpéntica escena , pero fueron los más largos de la vida de algunos, como referirían más tarde entre ellos.

Por fin se desplomó.

Nadie llamó a Emergencias.

Nadie se acercó a auxiliar.

Nadie vió nada.

Cuando cayó al suelo, por fin , inconsciente sin vida , ahogada por aquella almendra , un grito de júbilo se escuchó en la oficina, pero rápidamente Rosita puso orden: – Callaos, que nos van a oír. Hay que llevarla a su despacho y ponerla en su mesa como si hubiese ocurrido allí-.

Sin discusión alguna , como si de algo premeditado en más de alguna mente hubiese estado, todos a una,  comenzaron a trasladar el cuerpo de la jefa. Amanda no estaba precisamente delgada; al menos pesaría 80 Kg con una corta estatura . Como decía Jorge , “el guaperas” de la oficina cuando salían de copas – Es más fácil saltarla que rodearla – soltaba provocando las risas del resto de los compañeros.

A la jefa le encantaba tener a Jorge retenido en su despacho con cualquier excusa y hacerle todo tipo de insinuaciones por si “caía” en sus redes por fin. Tú si que tienes talento- decía mientras le echaba un furtiva mirada a sus abdominales a través de la camisa ajustada , pasándole la mano por el hombro.

Jorge, a su vez,  estaba enamorado de su atractiva y tímida compañera de sección pero era incapaz de mostrarle nada , a pesar de que ella también le ponía “ojitos”. En su frenada mente aparecía la voz chillona de Amanda:- NADA DE RELACIONES PERSONALES . QUE OS PONGO DE PATILLAS EN LA CALLE- amenazando  sin pudor.

Sergio , el vigilante de seguridad , se encargó de cubrir el pasillo por si entraba alguien ajeno al departamento. Amanda le encargaba a diario su café con cinco azucarillos y una caja de donuts.  Decía necesitar mucha azúcar  para sobrellevar a esa pandilla de inútiles. Frecuentemente olvidaba abonar al empleado el encargo , y el pobre Sergio no  se atrevía a recordárselo .

-¡¡¡Como pesa la la la la joía!!! – soltó Jesús , el informático. Amanda le encantaba mofarse de él por su tartamudez, hasta el punto que este era incapaz de hacerse entender por el nerviosismo causado por la jefa.

Consiguieron colocarla en su mesa , la cabeza apoyada en el escritorio, y el resto de las almendras dispersas a su alrededor.

Así, entre todos la ignoraron y ella sola se murió . 

-¿Emergencias ?-

-Corran por favor , ha habido un accidente – refirió la secretaria con una voz angustiada.

-Mi jefa parece haberse desmayado en su mesa, o quizás sea algo peor…. – prosiguió Rosita con voz penosa .

Todos tenían un motivo, pero eso la policía no lo sabía. 

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Respuestas

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  1. Una buena proposición con un auto crimen, involuntario por supuesto.
    Gracias por participar en nuestra propuesta y suerte.