AMANTES, AMORES

 #LoveIsInTheAir

Conducía de vuelta a casa, nerviosa, excitada, con la mirada perdida en la calzada, automatizando la conducción. Una sensación extraña, agridulce, una mezcla de felicidad y zozobra me quemaba el rostro, el corazón y la mente. Quería que el asfalto nunca acabase. No quería enfrentarme a su mirada. Él no se merecía todo esto. Llevábamos mucho tiempo sosteniéndonos solo con cariño, la pasión entre nosotros ya no existía. Atrapada en una relación casi fraternal, que vestía mis días de gris, apagando su antigua luz.

En medio de aquella oscuridad apareció él y mi cuerpo entero sintió una sacudida. Esa atracción casi animal por otro hombre me asustó. Entre cuadros, óleos y pinturas nuestras miradas se fundían en la infinidad de matices de su paleta. Me dejé arrastrar por su provocativa juventud, ese aire casi etéreo que tienen los artistas. Despertó en mí una tormenta de emociones y de sentimientos que coloreó de nuevo mi vida.

 Miré el reloj: 10:45, necesitaba una excusa, pero aún podía sentir los latidos de su corazón, el olor de su piel y el roce de sus manos. Eran tantas las sensaciones que llevaba tatuadas en mi piel, que no era capaz de pensar con claridad. Mi mente me llevaba una y otra vez a esa cama, a esos besos.

La primera vez que me topé con aquella elegante mujer, enseguida noté su fuerza arrolladora, esa seguridad que muy pocas tenían. Era mi primera exposición en la capital. Me había costado mucho hacerme un hueco en el mundo del arte. Me hablaron de ella, era una marchante de arte, había lanzado a muchos artistas jóvenes. Poder trabajar juntos era una oportunidad maravillosa. Era la primera vez que me enamoraba de alguien mayor. No me importaba, era diferente: inteligente, pasional, divertida. Creí que iba a poder ser solo su amante. Me equivocaba. Últimamente la notaba muy perturbada. Temía que pudiera dejarme, se había convertido en mi inspiración. Me asomé por la ventana y pude ver como se alejaba, sus tacones no emitían el característico ruido propio de su seguridad. Sentí una fuerte punzada en mi pecho. La quería. Mañana hablaría con ella, las cosas debían cambiar.

Bajé del coche y me dirigí hacia la puerta, sin poder controlar los latidos de mi corazón. Podía escuchar la tele de fondo, las risas de los niños y ese timbre de voz tan varonil que durante años había marcado el compás de mi felicidad. De repente la culpabilidad camuflada de tristeza me golpeó duramente. Las lágrimas amenazan con inundar mis ojos.

-¡Hola cariño¡ el café con las chicas se ha prolongado, hace tantos que no nos vemos que hemos tardado en ponernos al día- farfullé intentando aparentar naturalidad, escondiendo mi rostro entre los brazos de mis hijos

Levanté la vista del libro y allí estaba ella, rodeada de los frutos de nuestro amor. Crueles pensamientos me habían atormentado todo el día, envenenados de triste realidad. Llevaba mucho tiempo notándola rara, distante. Sus ausencias eran cada vez más regulares y prolongadas. Pero eso no era lo peor. En las escasas ocasiones en las que hacíamos el amor mis miedos se materializaban en forma de apatía, de desidia, de final. La amaba tanto que no había sido capaz de exigirle una explicación. A veces la observaba en silencio, a escondidas, contestando un mensaje y entonces su furtiva sonrisa y aquel olvidado brillo en su mirada se transformaban en espadas que se clavaban en mi corazón, sin compasión, sin tregua.

– ¿Qué tal cariño? ¿cómo ha ido la tarde? ¿te han dado mucha guerra los peques?- le pregunté desde el pasillo, evitando acercarme, intentando recomponer mi rostro aún alterado por esa mezcla de excitación y culpabilidad.

– Muy bien amor-le contesté, tragándome el dolor y la tristeza. Sabía que debía pagar un precio muy elevado por seguir despertándome cada mañana a su lado. Pero era incapaz de imaginar una vida sin ella.

Cuando la noche cae y la oscuridad lo cubre todo con su negrura, un joven pintor llora ante un lienzo en blanco, mientras un matrimonio roto se cobija baja las sábanas, espalda con espada, tratando de ahogar sus sollozos.

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Respuestas

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  1. Enhorabuena amiga! qué decir que tú no sepas. Tú talento para reflejar sentimientos en las letras está fuera de toda duda. Disfrútalo!!!