AMOR ES AMOR

Mi madre se ha vuelto a enamorar. Todavía no me ha dicho nada, pero lo he notado. Sus ojos brillan de ilusión y hablan por ella. Hacía años que no tarareaba por casa. Con la escoba en la mano canta y baila al ritmo de la canción que suena en la radio. Su sonrisa podría iluminar el túnel más tenebroso.

Hace dos años que mis padres se divorciaron. Yo tenía quince y al principio lo llevé mal, pero luego comprendí que era mejor así. Ellos ya no se querían y se pasaban el día discutiendo. Ninguno de los dos era feliz. Sé que la decisión que tomaron no fue fácil. Por las noches les oía hablar del tema. Pensaban que dormía, pero estaba despierta escuchándolo todo.

Desde entonces mamá no ha vuelto a ser la misma. Durante este tiempo se ha volcado en mí para llenar ese vacío sentimental que le dejó papá cuando se fue. Al principio me gustaba que estuviese tan pendiente de mí, pero ahora me agobia. Por eso la he animado a que salga. Incluso la obligué a apuntarse a una página de contactos.

Sus salidas han aumentado y ha empezado a preocuparse mucho por su aspecto. Está más guapa que nunca. Espero que el hombre del que se ha enamorado sea de mi agrado. No me gustaría que me pasase como a algunas de mis amigas. Las parejas que han elegido sus madres lo han complicado todo y ellas están muy disgustadas. Cruzo los dedos porque eso no pase.

Desde el otro extremo de la habitación mi madre me mira como si hubiese adivinado mis pensamientos.

―Cariño, esta noche vendrá a cenar alguien que quiero que conozcas. ¿Sabes?, me he vuelto a enamorar. Es una gran persona y estoy segura de que te va a encantar.

―¡Lo sabía! Llevas una temporada muy rara.

―No quería contártelo hasta estar segura de que es la persona idónea. Ahora tengo esa seguridad.

Me acerco a mi madre y la abrazo. Estoy feliz por ella, aunque un poco preocupada porque dentro de poco un desconocido vivirá con nosotras.

―Me alegro mucho, mamá. Ya era hora de que te volvieses a enamorar. ¿Y cómo se llama tu nuevo amor?

Noto cómo se encoje. De repente se ha puesto muy nerviosa. No entiendo el porqué de esa angustia. Solo le he preguntado por su nombre.

―Se llama Mónica y creo que te va a caer fenomenal.

Me separo de su abrazo y la miro a los ojos. No entiendo nada. Ella me sostiene la mirada.

―¿Has dicho Mónica, mamá?

―Sí mi amor, me he enamorado de una mujer.

―¡Estás enferma! ―le grito mientras salgo corriendo hacia mi habitación y me encierro dentro.

No puedo evitar que las lágrimas broten como un manantial que lo inunda todo. Estoy confundida, perdida. Jamás lo voy a aceptar.

Mi madre me llama desde el otro lado de la puerta y me pide permiso para entrar. No quiero escucharla, ahora no. Le digo que se vaya. Noto que se aleja y llama a alguien por teléfono. Seguro que va a hablar con ella. Me pongo los auriculares y la música me envuelve. Subo el volumen. No quiero pensar. Solo quiero olvidar las palabras de mi madre.

Al cabo de un rato asoma la cabeza y me pregunta si podemos hablar. No contesto. Solo la miro desconsolada. Ella entra sin mi permiso y se sienta en la cama a mi lado. Tiene un pañuelo en la mano y lo retuerce mientras habla.

―He cancelado la cena. Quiero que cuando Mónica venga a casa sea un momento de alegría, no de tristeza.

―Te has vuelto loca. Siempre te han gustado los hombres, por eso te casaste con papá. Es imposible que te hayas enamorado de una mujer.

―No estoy loca. La orientación sexual puede variar a lo largo de nuestra vida. Deberías de alegrarte por mí, ella me hace muy feliz.

―¿Qué va a decir la gente?

―Lo que digan los demás no te tiene que importar. Solo te debería de importar nuestra felicidad.

―Seguro que es horrible ―le contesto todavía hostil.

―No, no lo es. ¿Quieres que te enseñe una foto suya?

Me encojo de hombros. Mi madre se levanta y va a por su bolso. Saca de la cartera una fotografía y me la entrega. En la imagen mi madre se ríe mientras Mónica le da un beso en la mejilla. Me gusta su aspecto. Parece simpática y transmite buen rollo.

―Solo te pido que la conozcas. ―Sus ojos me miran suplicantes.

―De acuerdo. Pero si no me gusta, ¿tendrás en cuenta mi opinión?

―Te lo prometo.

Ambas nos fundimos en un abrazo. Empieza una nueva etapa en nuestras vidas.

 

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