AMOR SIN CONTROL

Beck teclea los últimos capítulos de su novela. Quiere adentrase en el mundo de la literatura, así que se ha abierto un perfil en varias redes sociales para que la gente la conozca. Cada vez está más cerca de dejar el “aspirante” de lado. Entonces se convertirá en una verdadera escritora. «Sería un sueño hecho realidad», piensa. Enseguida se concentra de nuevo en redactar su historia.                                                                                        

De pronto la puerta se abre bruscamente. Su novio se queda plantado en medio de la habitación con los brazos cruzados. Su semblante serio es señal de que algo va mal. Ella se da la vuelta para prestarle atención.

—He visto que estabas en línea mientras yo trabajaba en la librería. ¿Con quién chateabas? —le pregunta muerto de curiosidad.

—Con Peach.

—Ya te dije que no te relacionases con esa tía. No es una buena compañía para ti.

—Pero si es mi amiga de toda la vida. Además, no es asunto tuyo con quien hable o deje de hablar.

Joe le clava una mirada amenazadora y un escalofrío recorre su cuerpo. Antes le encantaban esos ojos oscuros. Ahora le inquieta la frialdad que transmiten.

—Dame el móvil —le ordena.

—¿Para qué lo quieres? No te estoy mintiendo.

—¡He dicho que me lo des! ¿O acaso me estás ocultando algo?

Beck baja la vista, intimidada por el repentino grito de su pareja. Se lo entrega sin articular palabra. Después observa cómo lo inspecciona con una expresión de loco.

—Borra esta foto de Instagram. Sales muy provocativa —le dice mientras se la señala.

—A mí no me lo parece.

—Me da igual. Si no la eliminas tú, lo haré yo —le suelta bruscamente.

—¿Y este tal Benji quién es?

 —Un seguidor más.

—Pues se toma demasiadas confianzas contigo. Ya le puedes bloquear para evitar problemas —contesta con un tono seco.

—Sus comentarios son de admiración. No entiendo por qué reaccionas así.

—Me preocupo por ti, cariño —le sujeta el rostro entre las manos —. Alguien tiene que protegerte.

—No necesito que nadie me cuide y menos que me controle —le contesta después de apartarse de él —. Si me quisieras no revisarías mis contactos, ni leerías mis mensajes. Tampoco me prohibirías quedar con mis amistades. No pondrías pegas a mis publicaciones. No me obligarías a hacer nada que no quisiera. En definitiva, no me acosarías. Respetarías mi privacidad, confiarías en mí. —coge aire para continuar —. Haces justo lo contrario, Joe. Tus conductas son un reflejo de inseguridad y celos. Me haces sufrir y debería sentirme feliz a tu lado. El amor no duele, y si duele, no es amor. No quiero seguir formando parte de esta relación tóxica. Ya he aguantado demasiado.

—Te juro que ese no es mi propósito. Es mi forma de expresarte todo lo que significas para mí. Perdóname, no soy consciente del dolor que te causo.

—Lo sé, pero lo haces y no me gusta. Es mejor que cojamos caminos diferentes. No quiero que pierdas la cabeza por mi culpa.

 

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