Cerezas

Las cerezas eran la fruta favorita de Kakyoin. Jotaro lo sabía bien, aunque más por la terrible imagen mental que Rubber Soul le había dejado para la posteridad, pero era consciente de la preferencia del pelirrojo por aquella dulce fruta.

De hecho, cada vez que lo veía comer cerezas —mientras no fuera de esa manera en que las envolvía con su lengua—, lo ponía a pensar cosas que podrían considerarse tiernas. Para empezar, la coincidencia que encontraba con el cabello de Kakyoin. Si no se equivocaba, el rojo de su cabello coincidía con las cerezas que crecen en los árboles. Después encontró la misma coincidencia con el color de sus labios. Ahora, éstos eran del mismo tono que las cerezas que le colocan a los helados y las crepas —marrasquino, si no se equivoca, es el nombre—.

Era curioso, pero encontraba esos pequeños detalles atractivos. Eso mismo le hacía una mala jugada cada vez que comía algo que llevara cerezas. Una vez, su madre decidió aprender a hacer crepas, y compró distintos tipos de frutas como acompañamiento. Decir que estaba enojado al ver las crepas que Holy le sirvió sería mentir, aún cuando su rostro apuntaba a que, definitivamente, estaba enojado. Más bien, era la manera que tenía para esconder la repentina tristeza que le invadía ver las cerezas y no tener a Kakyoin a su lado para preguntarle si podía comerlas. Aún si iba a hacer esa cosa rara con la lengua, quería verlo a su lado, preguntando por ellas y luego ponerlas entre sus labios para jugar con ellas. Quería escuchar aunque fuera una vez más su dulce voz, aún si hacía el curioso sonido «rero rero rero» al lamerlas de forma que a día de hoy terminaba de admitir que era graciosa.

Extrañaba demasiado a Kakyoin, tanto así que llegaba a admitir en sus adentros que amaba cada aspecto de él, que si hubiera regresado con él a Japón, no hubiera dudado en hacerlo su pareja. Quizás era parte de su periodo de luto o ya ni siquiera era consciente de cómo se hubiera desarrollado su relación si hubiera seguido viviendo, pero definitivamente quería a Kakyoin de vuelta, volverse tan cercano para poder llamarlo Noriaki-kun, crecer a su lado y no depender de nadie que no fuera él.

Eso llevó a rechazar a cualquier mujer que se le acercara, incluso haciendo revuelo entre las chicas de la universidad al correrse el rumor de que a Jotaro Kujo le gustaban las pelirrojas. Muchas dañaron su cabello en el vano intento de gustarle, cuando él no podía ni siquiera permitirse el darse una oportunidad con nadie. Quería únicamente a Kakyoin, y a nadie más.

Tal vez por eso aceptó a la larga ser el novio de esa chica llamada Sakura. Era aunque sea un poco como él, igual de inteligente y curiosa, pero después de un matrimonio y una hija, y cada vez más prolongadas ausencias, se dio cuenta que estaba usando a la pobre mujer como un sustituto de alguien que jamás podría reemplazar, y por ello todo terminó en divorcio.

Si Kakyoin lo viera, estaría tan decepcionado de él. Pero al menos, puede escuchar aún en su mente sus palabras tiernas y cariñosas, y escucharlo nombrarlo con un suave «Jotaro-kun».

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Vivian
9 months ago

¡Bienvenido a la plataforma ✨!
Muy buenas comparaciones en tu historia, me ha gustado mucho.
Espero que disfrutes de la nueva plataforma, en la que trabajamos a diario para mejorarla y añadir más funcionalidades .

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