Cibernéticos

Desde que tenía memoria, Elenor había poseído un cuerpo cibernético. Esto fue debido a que nació con complejas enfermedades, pues sus órganos no funcionaban correctamente. Los científicos, y sus grandes avances en la materia, hicieron posible que la pequeña saliera adelante.

Su infancia fue bastante complicada pues, cada pocos años, debía someterse a cirugías que duraban horas y horas. Con todo ello, los niños no se lo pusieron nada fácil: se metían con ella por ser distinta. Además, cada vez que su cuerpo cambiaba era aún peor. Elenor desactivó su exoesqueleto en varias ocasiones, haciendo que sus órganos, compuestos de engranajes, fallasen en un par de ocasiones. Por suerte, sus padres habían sido avisados de que esto podría llegar a suceder y fueron capaces de impedírselo.

Meses después, la pequeña decidió apartarse de sus estudios y pedirles a los científicos que la tomaran como aprendiz. No era el entorno que un niño de ocho años necesitara, pero consideraron que era la mejor opción. Con el paso de las semanas, Elenor volvió a sonreír. Sus padres estuvieron eternamente agradecidos a los científicos por ofrecerles su ayuda. Pero no todo fue bien. Hubo algunos compañeros que continuaron mirando con ojos de desprecio a la joven. Nunca terminó de sentirse a gusto consigo misma.

Décadas después, Eleonor fue considerada una de las mejores y más prestigiosas científicas en su campo de especialización. A partir de ese momento, creó su propia empresa con algunos de sus compañeros. Esta tenía como propósito la recuperación de las personas operadas para regenerar alguna parte de su cuerpo mediante piezas cibernéticas. Uno de los departamentos, a los que Eleonor dedicó su mayor esfuerzo y tiempo, fue el que hacía el seguimiento de los pacientes para que su reinserción fuese correcta. No deseaba que nadie pasara jamás por lo que ella tuvo que sufrir en el pasado.

A día de hoy, Eleonor llevaba su rostro tapado como reivindicación hacia los humanos. Muchas personas se sumaron a su lucha y la aceptación, tanto de su empresa como de los propios cibernéticos, fue en aumento. Además, trabajaban activamente con los centros de estudios de diversas regiones para impartir clases en las que se explicaba y daba a entender la importancia de los tratamientos cibernéticos.

Tras muchos años de duro trabajo, los cibernéticos fueron aceptados entre la sociedad como iguales. Nunca jamás ningún niño pasó por ninguna humillación, agresión ni fue considerado como un eslabón débil.

 

Imagen: Kashuse Nuage en Artstation

 

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