Continuar con mi vida 

Expulso el agua por la boca y respiro con toda la fuerza de mis pulmones, aunque no quiero abrir los ojos porque sé lo que voy a encontrarme si lo hago. Escucho cómo la gente habla a mi alrededor, aunque no consigo distinguir lo que dicen.

Un intenso dolor acude a mí al tiempo que mi consciencia, junto con la voz de una mujer.

—Señorita. Señorita. Míreme.

—Me… la ha… arrancado, ¿verdad? —abro los ojos mientras hablo y la lástima reflejada en los suyos me dice todo lo que necesito saber.



—Mireia —mi madre me mueve suavemente mientras me llama.

Me despierto sobresaltada, con la respiración agitada y el corazón a punto de salírseme por la boca. 

Hacía meses que no soñaba con el día que perdí la pierna. Un día increíble, cargado de risas, submarinismo y fotografías de un fondo marino impresionante, se convirtió en la mayor de mis pesadillas. Nunca me habían dado miedo los tiburones, jamás me habían atacado. Yo me limitaba a observarlos, embelesada, mientras ellos sencillamente me ignoraban. Hasta aquel día.

Me había cortado con un cuchillo la noche anterior y, a pesar de haber vendado la herida, cuando me golpeé con una roca al tratar de recuperar la cámara que se me había escapado de las manos, la sangre salió sin remedio.

No le di demasiada importancia, incluso continué con la exploración tras levantar el pulgar para indicarle a los demás que estaba bien.

Cuando quise darme cuenta ya le tenía encima. Traté de esquivarlo mientras veía como la mandíbula salía de su boca con la intención de atraparme. Giré, pataleé… pero nada fue suficiente. Los demás acudieron en mi ayuda, golpeando al escualo para hacer que me soltara. O eso me han contado, yo ya había perdido el conocimiento.

El submarinismo, mi gran pasión, me provocaba tremendos ataques de ansiedad. Un simple baño en la playa era una auténtica odisea para mis nervios. ¿Lo he superado? Nunca lo olvidaré; pero no permitiré que me paralice. He recibido ayuda para aprender a nadar, a moverme sin una parte de mí. Al principio no podía dejar de mirar el vacío que había dejado y…lloraba. Lo hacía sin control. Ahora veo que tuve otra oportunidad, que aquella tarde mi vida no terminó, únicamente cambió. Me siento afortunada de haber tenido a mi lado personas capaces de enfrentarse a un tiburón por mí. No puedo evitar sonreír al pensar en ellos, les quiero tanto…

Hoy vamos a sumergirnos de nuevo. Supongo que esa es la razón de que Morfeo haya decidido deleitar mis sueños con semejante recuerdo. No me importa. Sé que puedo hacerlo. Volveré a observar el mágico mundo que hay bajo el agua. No me arrepentiré de no haber continuado con mi vida.

Recommend0 recommendationsPublished in CONCURSOS, HISTORIAS

Artículos relacionados

Respuestas

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  1. Increíble enseñanza de que si se puede, demuestras claramente a través del relato, que puedes seguir siendo tú, después de ti.

  2. Que historia de superación tan fuera ee lo comun. Muy bien narrado