CRÓNICA DE UNA MUERTE

 

Ese fatídico día el sol brillaba. Aquella calidez me resultaba desafiante, insultante. El cielo tendría que  mostrar también su negrura, anegando   la ciudad de Alburquerque. El salón de mi casa empieza a llenarse del murmullo de los que se acercaban a presentar las condolencias a la familia White. Mi familia. Después de que me diagnosticaran un cáncer de pulmón inoperable he pensado mucho en la muerte. Realmente lo que me ha corroído las entrañas en los últimos meses no ha sido mi enfermedad, sino  la mediocridad de mi existencia. Con el precario salario como profesor de química apenas llegaba para mantener a los míos. Podía escuchar el pésame de mis compañeros de instituto. La muerte; era como  la había imaginado; no sentía nada. Skyler, mi adorada esposa; todo lo había hecho por ella. Por ella y por Walter Jr., mi amado hijo.  Tenía la mirada perdida, el negro resaltaba aún más la palidez de su piel. Sus ojos verdes se iban a apagar para siempre. La iba a dejar sola en su inconmensurable dolor.

Me veo en la tarima de mi clase, intentando insuflar a  los alumnos mi pasión por la química.  Pero  no estoy allí, no volveré a sentir bajo mis pies el crujir de ese vencido listón. Ojala pudiera volver atrás. Pasarme al otro lado de la ley me había traído la muerte. ¿Cómo pude pensar en algún momento que estaba haciendo algo bueno? Yo soy  el único culpable.

Skyler se levanta lentamente, las lágrimas inundan sus abotargados ojos. Se acerca al mueble de la entrada y coge un portarretrato familiar. Le siguen decenas de miradas vidriosas, que intentar acompañarla en su aflicción.  Desliza sus temblorosos dedos por  aquella instantánea que recoge mi sonrisa y la de nuestro hijo. La foto de mi último cumpleaños. Se la acerca a su pecho. La observo desde lejos, se me desgarra el corazón  al verla asi.

Cuando pasaba las tardes en mi laboratorio clandestino cocinando aquellas metanfetaminas no imaginé, ni por un solo instante que estaba firmando la sentencia de muerte de mi hijo. Aquella basura, aunque era de calidad era para otros. Rostros anónimos. Acababa de enterrar a mi hijo Walter, había muerto por sobredosis. Yo lo había matado. No soy capaz de sostener la mirada de  esos ojos esmeraldas a los que tanto amo. Le he arrebatado su alma y lo que más quería: a su hijo.

Un dolor punzante me oprime el  pecho, cada vez es más agudo. Tengo frio. Me cuesta respirar. Me tiembla el pulso y un sudor denso cubre mi rostro. Solo espero que la ingesta de mi propia mierda haga efecto pronto y acabe con este sufrimiento atroz. Me voy tambaleándome a la parte trasera de mi casa. Hundo mis rodillas en la tierra seca. El sol cegador entorna aún más mis párpados. Ni siquiera con mi muerte encontraré la paz. Lo sé. Lo siento Skyler. Te veré pronto hijo mío. Tengo la eternidad para obtener tu perdón.

El sol deja de brillar.

 

 

 

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Respuestas

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  1. Excelente relato palpitante de tensión hasta que culminan los latidos felicitaciones amiga objetivo logrado de principio a fin.

  2. Buenísimo Puri. Es increíble como haces que nos metamos en el pellejo de los personajes que describes. Una pasada amiga. Esta genial.

  3. Pero qué buena película te has inventado Puri.
    Lo cierto es que lo que ha pasado este año, no es nada comparado con la pandemia de las drogas alucinógenas que desde años atrás, aún siguen cobrando vidas inocentes, robando el alma de padres e hijos y dejando en los ojos de muchas madres y esposas la mirada perdida.
    Felicitaciones Puri.

  4. Estupendo el enfoque que le has dado a la serie. Una narración fluida y con la intriga hasta el final donde sorprende tu imaginación. Muy bueno Puri.