De príncipe a rey

Era el príncipe que accedería al trono en unos meses. Su padre y sus consejeros le otorgaron de todo el conocimiento necesario para que ocupase su lugar. Además, ya le habían buscado una pretendienta de uno de los reinos cercanos.

Él se negaba tanto a ser el rey, porque no era lo que deseaba, como a casarse con una mujer. De esto último, obviamente, sus padres no sabían nada en absoluto. Desde bien joven, se sintió atraído por los caballeros que acompañaban a su padre en las numerosas batallas entre reinos. Al ser el hijo del rey, tenía el privilegio de estar presente en los entrenamientos que estos llevaban a cabo. Todo empezó al observar sus tonificados torsos desnudos, que le hacían querer ser como ellos.

Durante un tiempo, trató de deshacerse de tales sentimientos. Se enrolló con varias de las doncellas de su madre, pero no sentía lo mismo. Por otro lado, su escudero era el encargado de ayudarle a entrenar. En uno de estos adiestramientos, el príncipe no lo pudo resistir. Se lanzó a por él y le besó. El príncipe se separó, avergonzado. Tras unos segundos, que se hicieron eternos, este le correspondió.

—No sabía si algún día te ibas a atrever a dar el paso.

—La verdad es que —le acarició la mejilla—, me alegro de haberlo hecho.

Los meses pasaron y el día del casamiento estaba cada vez más cerca. Viajaron y estuvieron fuera varios días para dejar todo preparado. Fue en ese momento en el que el príncipe se enteró de que, al día siguiente, se casaría con aquella mujer a la que no quería.

A su regreso, buscó al escudero. No consiguió encontrarle. Pasó su última noche como príncipe dando vueltas en la cama, sin saber muy bien que era lo que debía hacer.

Una vez se encontraba en la iglesia, a la espera de que la mujer recorriera el pasillo para reunirse con él, supo que no habría vuelta atrás. El escudero entró justo en el momento en el que el cura dijo aquello de “que hable ahora o calle para siempre”. El príncipe le miró, como si pidiera auxilio en tal situación. El escudero alzó la voz y se acercó. Sin decir nada más, besó al príncipe ante la atenta mirada de los reyes y de todos los allí presentes. El rey ordenó a los guardias que le encerraran, pero su hijo salió en su defensa.

—Si le encierras a él, tendrás que llevarme también.

—Déjate de tonterías, vas a casarte.

El príncipe negó, empujo a los guardias y salió corriendo con el escudero. Todo el pueblo observó lo que ocurría con expectación. Al final, el príncipe acabó con la vida de sus padres y se proclamó rey junto al escudero. Todos aclamaron su valentía y fueron libres de amar a quien realmente quisieran.

 

Imagen: Evelyne Schulz en Artstation

 

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Bei
Bei
1 month ago

Bravo! Di que si cada uno que ame a quien le de la gana.

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