DESTINOS

Se escucharon muchos disparos, los manifestantes se esparcieron entre el humo y los gases dando gritos despavoridos,  aquello parecía una  fumigación de   moscas. Un par de balas perdidas impacto al hermano de Josep, aquel chico  se retorció de dolor, la sangre escandalosa inundó el cemento e impregnó la ropa de Josep, aquellos gritos de ayuda se perdieron  entre los lamentos.

 El pánico invadió a Josep…  que diría a su abuela, deseo por  un instante, que hubiese sido él, se  perdió  en sus   miedos profundos, escucho el ruido de las sirenas,  los paramédicos se  los llevaron rumbo al hospital. —Es uno de los chicos heridos de la protesta—murmuraron cuando llegaron. Días después, una anciana gritaba en los pasillos, — ¡fue por tu culpa!—, Josep se  arrodillo y lloró, los remordimientos  carcomieron su alma; él creyó que el   porvenir de su hermano se había esfumado.

Pasaron días, un silencio enorme abrigo la familia. Josep nunca pensó, ni  esperó, la amputación de su hermano. Salieron del hospital,  por detrás   venía una chica que había salido  de parto, traía un bebé en sus brazos, se notaba  distante,  indecisa ante su nueva vida,  aun así  ella miraba tiernamente  a su bebé, rodaron sus lágrimas y acaricio al recién nacido. A Josep, le llamo la atención  aquella mujer, él sonrió, dio permiso para que pasara, ella  agradeció con un gesto. Aquella mujer vio como llevaban   un chico en silla de  ruedas con una de  sus  piernas amputada, respiró  con fuerza apretó  a su bebé… aquel ser indefenso había nacido sin extremidades inferiores, miles de pensamientos  atormentaron  su mente,   se dijo para sí, — ¡saldremos adelante!—. Esa tarde entendió que no sería fácil, más no imposible. El padre de su  hijo la había abandonado  por no interrumpir  el embarazo, en las ecografías se miraba como venía aquel ser, ella decidió seguir.

Pasaron cinco años, desde aquella tarde, diferentes rumbos tomaron  la vida de Josep y aquella mujer desconocida, Josep lidio con su culpa por un tiempo, la  abuela lo perdonó, su hermano nunca lo acusó, por el contrario, aquel chico animaba  a Josep; al  perder su pierna no le impidió terminar  sus estudios y seguir, ¡tenía vida!  Josep dejó de autocastigarse, el nunca volvió a las manifestaciones, renunció al grupo. Emprendió una carrera como ortopedista, ayudó a su hermano a mejorar su calidad de vida, se integró a una fundación, dónde  elaboraban prótesis con materiales reciclados, eso lleno su corazón. El día  que su hermano pudo pararse y moverse sin depender  de nadie, Josep lloró, hasta bailaron; sonrieron y se abrazaron. Ellos habían estados juntos desde que sus padres murieron   en un fatídico accidente, su abuela los  había  termino de criar. De ahí el remordimiento y el autocastigo de Josep por llevárselo ese día  sin permiso.  Cierta mañana  esperaban  a una benefactora de  la fundación, al rato entro un  niño aproximadamente de cincos años con  prótesis elaboradas por Josep, su manita agarraba la mano  de aquella  mujer desconocida en el hospital, Josep la reconoció, ella  sonrió…

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Javier Montesinos
5 days ago

El relato es intenso en emociones y la trayectoria de vida de los hermanos me encanta. Culpa, perdón, lucha de supervivencia. El final es hermoso. Enhorabuena

Valentina
Valentina
5 days ago

Buen drama

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