DIVÍNA INSPIRACIÓN

La canción dice «Si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos». En mi caso estoy segura que nací para ser escritora y aunque de niña esperé que del cielo me cayeran los lápices, en la adolescencia agarré al toro por los cuernos y me lancé a plasmar mis pensamientos en unas primeras tímidas líneas.

–– ¡¡Natalia, ven a comer que se enfría la comida!! ––me grita mi madre desde el comedor.

El sobresalto que me causa su aviso manda mi inspiración a paseo. Dejo el lápiz sobre la mesa y guardo en un cajón mi libreta. No quisiera que mi hermano fisgara en mi cuarto y, como siempre, comenzara sus burlas cuando lee mis poemas. Me dirijo al comedor para sentarme. Al terminar ayudo a mi madre recogiendo la mesa y fregando los platos. Me dispongo a regresar a mi habitación. Tengo que completar la poesía que de nuevo ronda por mi cabeza como un soniquete constante.

–– ¿Ya has terminado los deberes del instituto? –– me pregunta mi padre con su tono de voz benévolo.

–– Casi los tengo terminados. Me pongo dentro de un rato y los acabo ––le contesto sin tener el pleno convencimiento de si me dará tiempo.

–– Natalia, no te líes con tu juego de escribir porque con eso no llegarás a ningún lado. Has de aplicarte en los estudios y elegir una carrera de futuro ––me explica mi madre como cada vez que surge el tema de los deberes.

–– Mamá, para mí no es un juego. Me encanta escribir y el día de mañana me ganaré la vida con mis libros. ¡Ya lo verás! ––le contesto entre reproche por no comprenderme y la ilusión que me produce hablar de ello.

–– Bueno, bueno, eso lo dices tu hija. Hay mucho escritor por ahí que si no tuviera otra profesión se estaría muriendo de hambre. Procura sacarte una carrera y dedica solo el tiempo libre a esos escritos que no te sacaran de pobre.

Prefiero no contestarle y marcharme a mi habitación. Cómo explicarle a una madre ama de casa tradicional, que mi pasión es la escritura. Ella nunca ha sentido la creatividad pugnando por salir. No ha tenido ilusión por nada. Su vida es una auténtica rutina. Y no es que me parezca mal porque ella es feliz así, pero no puede entenderme. Cuando a veces vemos alguna película de escritores que se han hecho famosos ella siempre me recuerda los que se murieron de hambre y sus obras fueron conocidas a título póstumo. «¿No querrás ser una de esas escritoras, no?» me dice con sorna.

Sé que mis padres desean lo mejor para mí, sin embargo yo no puedo detener esta ansía de escribir. Es una necesidad de soltar mi exaltación plasmándola en el papel. Cuando note que mi respiración vuelve a la normalidad me pondré con la tediosa labor de hacer los deberes escolares. Ahora retomo mi escritura, después de asegurarme de cerrar la puerta para que no me sorprendan. Todas esas palabras que bailan en mi cabeza tintineando por los rincones de mi cerebro como si de los toques de un xilofón se tratara, comienzan a brotar por la punta del lápiz sujeto a mi mano. Las rimas surgen como por arte de magia y voy llenando las páginas con las líneas que forman mis sonetos.

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Tengo treinta y cinco años muy bien llevados, según mis amigos. Veo a mis padres sonreír en primera fila, desde el escenario donde estoy presentando mi tercer libro de poemas y relatos. Después tendré que firmar ejemplares a la multitud de admiradores que lo compraran y emocionados se acercaran para hacerse una fotografía que colgarán en sus redes sociales.

–– Aaay, hija mía… menos mal que no hiciste caso a tu anticuada madre y no dejaste de escribir. ¡Cuanto me he alegrado! ––me dice abrazándome después del evento.

–– Antonia, ya te decía yo que no fueras tan pesada. Que nuestra niña iba a llegar lejos ––comenta mi padre con el mentón bien alto demostrando el orgullo que siente por mí.

Ni las horas que tengo que permanecer sentada firmando libros y saludando a mis lectores enturbia la felicidad que me envuelve. No hay nada que te llene de más ilusión y energía que ver tus sueños cumplidos. Mientras escribo dedicatorias y hablo con mis lectores, una nueva historia ya esta pululando por mi cabeza. ¡Divina inspiración!

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Respuestas

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  1. Muy bonito Paula, me ha gustado mucho. Lo has contado muy bien. Además podría ser una historia real. Menos mal que la protagonista siguió potenciando su afición y llegó a cumplir su sueño. Me encanta ese final feliz. Tú también cumplirás el tuyo en breve.

    1. Gracias Carmen, una historia con final positivo. Un poco de mi yo pasado y el deseo de mi yo futuro. Lo celebraremos juntas!!

    1. Gracias Roger, me alegro de que te haya gustado y que tu vida sea similar a la protagonista.
      Muchos éxitos compañero!!