EL ARTE DE ESCRIBIR

Meto el portátil en la funda y cojo mi libreta para tomar anotaciones. Salgo a la calle y me dirijo a mi cafetería preferida. Es perfecta para dar comienzo a mi nueva novela.

De pronto en una callejuela resuena el eco de un triste maullido. Los ojos felinos del gato se asoman entre la basura. Un escalofrío recorre mi cuerpo al ver su aspecto y no puedo evitar sentir pena. ¿Cómo habrá acabado vagabundeando en la ciudad? Se me parte el corazón cuando pienso que seguramente sus dueños le habrán abandonado.

Al continuar con mi camino, un joven pasa cerca de mí a cámara rápida. Le suelo ver todos los días a la misma hora y en el mismo lugar. ¿A dónde irá? ¿Y por qué tiene tanta prisa? Lo más probable es que nunca lo sepa, pero me gusta imaginar todos los sitios que pisan sus pies.

Avanzo junto a un anciano que anda despacio mientras sus piernas añoran correr. El brazo de una chica y un viejo bastón le sirven de apoyo. Creo que es su hija. Se han intercambiado los papeles, ahora es ella la que le tiene que dar la mano durante el difícil sendero de la vida. Se me pasa por la cabeza el rostro del muchacho que fue en otra época. Una sensación de vértigo se apodera de mí al saber que yo también he cambiado y me queda por cambiar.

Mis miedos vuelan lejos en el momento en que unos niños dan vueltas a mi alrededor. Juegan a perseguirse acompañados por sus risas infantiles. Su felicidad hace que una amplia sonrisa se dibuje en mi rostro y me transporto a mi niñez. La esencia de aquel chaval de diez años sigue intacta en mi corazón.

En un bar próximo a mi destino observo a una pareja que discute. De sus amenazadoras bocas brotan reproches en forma de grito. ¿Cómo habrán llegado a esa situación? Sus miradas de desprecio antes estarían llenas de amor. Me recuerdan a mi exmujer y a mí. Ninguno de los dos esperábamos separarnos sin una verdadera despedida. Pero si la hubiese tenido delante, no podría haber soportado el sonido de sus tacones alejándose.

Les dejo atrás y entro en el local. Me siento en una mesa apartada y pido una copa de vino blanco. Después coloco todo para comenzar con los primeros capítulos. Mientras espero a que llegue mi bebida, me fijo en una mujer que mira el móvil. Sus ojos se entrecierran cada vez que ríe. ¿Qué le hará tanta gracia? Quizás esté leyendo un chiste o a lo mejor su amiga le está contando una de sus muchas anécdotas. Sea como sea disfruto al escuchar las carcajadas que llenan el ambiente. Levanta la mano para llamar al camarero y antes de que sus labios pronuncien el pedido, me aventuro a averiguarlo. «Tiene cara de que le gusta la cerveza», digo para mis adentros. Entonces ella articula la misma palabra. La coincidencia me divierte y me anima a iniciar el libro.

En cada frase que tecleo están todas las personas y las escenas que me han acompañado hoy. De alguna manera van a formar parte de mi nueva historia. Aparecerá la melancolía del gato callejero, las prisas del joven, la vejez del abuelo, la inocencia de los niños, una discusión de pareja y sobre todo las risas de la mujer. También ocupará las páginas el resto de la gente que se cruce por mi camino, aunque no les conozca.

Y cuando me pregunten cómo se me ocurrió la idea, les responderé que simplemente contemplé y escuché el mundo que me rodea. Les explicaré que la inspiración está en un momento, en una persona, en un objeto, en cualquier parte. Porque escribir no solo es plasmar las palabras en un papel, sino saber mirar y dejar que vuele la imaginación.

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Respuestas

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  1. Asi es Mailen un escritor tiene una mirada especial ante todo lo q le rodea. Muy bueno guapa.