El don de Marta 

Marta despertó con una capa de sudor cubriendo su cuerpo, la respiración agitada y el pelo enmarañado. No era la primera vez. Durante ocho interminables noches, un sueño recurrente la había estado atrapando sin que pudiera remediarlo hasta que despertaba con la sensación de no saber cuál era el mundo real.

Cogió con manos temblorosas el vaso de agua que tenía en la mesilla y tragó lentamente con los ojos cerrados.

—No puede ser que me esté pasando esto otra vez —dijo como si hubiera alguien que pudiera contestarle.

Apartó las sábanas con rabia y se sentó frente al ordenador frotándose sin parar el puente de la nariz.

Sabía que no debía hacerlo, que si comenzaba a escribir aquella historia que no dejaba de perseguirla cada vez que cerraba los ojos, no podría escapar de ella. Al menos hasta que el ansiado “FIN” apareciera en la pantalla.

Cuando decidió ser escritora jamás hubiera imaginado que serían las propias historias las que acudirían a ella, los personajes los que se apoderarían de sus manos para teclear. Nunca pensó que estarían con ella en cada momento, en cada rincón.

La primera vez que le pasó se levantó con la excitación corriendo por sus venas. Tenía una idea, una que se le había aparecido en sueños. Empezó a escribir en cuanto abrió los ojos y no dejó de hacerlo en toda la mañana; pero, cuando quiso darse un respiro, no pudo hacerlo.

Los personajes parecían susurrarle al oído, sentía su angustia, su amor, su miedo… Veía los lugares de su novela en cada rincón de la ciudad. Era como si su propia historia estuviera engulléndola. Pensó que había perdido el juicio, pero cuando por fin terminó de escribirla todo volvió a la normalidad. Decidió no darle importancia y seguir con su vida, pero… Estaba ocurriendo de nuevo.

Justo cuando la yema de sus dedos estaba a punto de rozar las teclas, sonó el timbre.

—¡Mamá! —Marta abrazó con fuerza a su madre; como si eso pudiera anclarla al mundo real.

—Cariño, ¿estás bien? Hace días que no sé nada de ti.

Belinda esquivó el cuerpo de su hija y se encontró con la pantalla en blanco. Asintió de forma imperceptible mientras la cogía del brazo para llevarla hasta el sofá.

—Ven. Tengo que contarte algo.

—¿Ha pasado algo? ¿Papá está bien?

—Si, cariño. Tu padre está perfectamente. ¿Estás escribiendo otra vez? —preguntó dirigiendo la conversación exactamente dónde ella quería.

—Sí… Bueno… No sé. Yo…

—Sé lo de tus historias. ¿Por qué no has confiado en mí para contarme lo que te ocurre?

Marta quiso contestar, defenderse, preguntarle cómo sabía lo que le pasaba; pero Belinda levantó una mano para que la dejara continuar.

—Verás, hija. Hay personas que escriben lo que brota de su imaginación; otras, como tú y tu abuela son la puerta que las historias que quieren ser contadas utilizan para salir al mundo.

—¿Qué? —Marta estaba confusa y no podía hacer más que clavar sus ojos nerviosos en los de su madre.

—Has heredado un maravilloso don que no debes temer. Supongo que debí contártelo hace mucho tiempo; antes de que pensaras que estabas loca o algo así. Perdóname. Tu abuela me pidió que esperara hasta que tu segunda historia estuviera lista para salir. Tu ausencia de llamadas ha sido mi señal; los sueños, la tuya.

Belinda cogió la mano de su hija, que se había quedado sin habla.

—Cariño, eres alguien muy especial. Solo debes dejarte llevar y permitirle al mundo conocer la magia que se esconde detrás de la tinta y el papel. Eso sí, sin que ellos lo sepan. No debes contárselo a nadie. Sino…

—Me tomarán por loca. —La incertidumbre y el miedo habían dado paso a una enorme sonrisa en el rostro de Marta.

Belinda asintió mientras su hija corría hacia el ordenador impaciente por contar su nueva historia. Sus dedos bailaban por las teclas en una danza perfecta mientras ordenaba en su mente todo lo que luchaba por salir. No dejaría ningún cabo suelto ni decepcionaría a sus personajes. Aquella historia oculta debía dejar de estarlo. 

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Respuestas

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  1. Me ha encantado este relato. Que bonito Maria. El don que tiene Marta es el que tú tienes princesa. No pares nunca de contar las historias de los personajes que llevas dentro, me encanta leerte. Enhorabuena