El encuentro de Naira

Naira estaba cansada de la ciudad, y de la soledad. Tras demasiados meses de restricciones se podía viajar libremente. Se compró un vuelo a Tenerife donde sus padres pasaron la luna de miel.

Llevaba mucho tiempo de aislamiento, sin personas, sin viajes y los nervios se apoderaron de ella. Decidió que lo divertido era improvisar.

Llegó el gran día. El vuelo se le hizo largo. La impaciencia le impedía concentrarse y disfrutar. Durante el trayecto hubo turbulencias que provocaron que salieran de la boca de Naira unos grititos que deleitaron a los aburridos pasajeros.

La chica estaba tan ensimismada en sus pensamientos que no atendía a las miradas de un moreno de ojos azules hipnotizado por sus acciones.

El avión aterrizó. El pasaje salió raudo hacia la terminal. Eneko, salió detrás de la desconocida. La chica corría como una poseída por la terminal, sin darse cuenta de la pérdida de su pañuelo en la carrera. Eneko lo pescó al vuelo y se acercó a la joven para ofrecer triunfante su captura.

Ella azorada le dio las gracias. Una extraña sensación la invadió mientras aquella miraba penetraba su alma. Aquella sonrisa la invitaba a relajarse y nerviosa le devolvía unas risitas. No sabía qué hacer, así que se volvió para continuar caminando.

Apenas había dado unos pasos cuando la sujetaron por el brazo, se giró contrariada. Su rostro se relajó al comprobar que era “ojitos”.

—Perdona. Soy Eneko. ¿Cómo te llamas?

—Me llamo Naira.

— ¿Eres canaria?

—No, aunque mi nombre sí. Soy de Barcelona

— ¿Y que hace una catalana con nombre guanche por aquí?

—Un plan muy extraño, estoy de vacaciones ¿Y tú que haces?— se atrevió a preguntar curiosa.

—Voy a subir al Teide, ¿te apuntas?

— ¡Qué original!—rio nerviosa.

—Yo no soy todo el mundo. No te molesto más. Adiós—dijo mientras se alejaba de Naira.

Ella pensó que debería haber aceptado. Puesto que estaba sola en la isla y no había planificado lo que iba a hacer durante la semana. Sentía pánico a la soledad y pensaba que sus vacaciones terapéuticas iban a ser un verdadero desastre.

Salió a la calle para coger un taxi, aunque no sabía dónde ir. Había una interminable cola de turistas esperando. Se resignó y se colocó en la cola.

— ¡Naira, sube!—le gritó “ojitos” desde un coche.

Era incapaz de saber que poder tenía aquel iris color cielo que la impulsaba a seguirlo. Miró a ambos lados de forma automática y se dirigió al coche.

—Muchas gracias—dijo mientras subía.

— ¿Dónde te llevo?—preguntó Eneko.

La chica mantuvo la mirada sin responder. Le gustaría saber que decir pero se sentía desconcertada. El coche de detrás tocó el claxon impaciente, y el chico metió la marcha para salir del aeropuerto.

Naira empezó a bombardear a preguntas a Eneko, el cual se puso a contestar alegremente. De fondo escuchaban música. Ella subió el volumen al escuchar las notas de “One”.

—Me encanta “Metallica”—afirmó.

— ¡Y a mí!

Ambos sonrieron.

Eneko disfrutaba de la conducción y de la música, por un momento olvidó que acababa de conocer a Naira que absorta contemplaba la carretera. Su pulso se aceleró, no entendía cómo pero sentía que la conocía de antes.

— ¿Dónde te llevó? ¡Habla ahora o calla para siempre!—soltó el conductor bromeando.

Su compañera no abrió la boca. Ella sentía los latidos de su corazón. Le daba vergüenza reconocer que no sabía dónde ir, no había planificado nada. La perfecta chica responsable jamás cometió una locura, hasta este momento. Hacía solo unas horas salió de casa con un billete de avión, su mochila y algo de dinero. Al escuchar las palabras de Eneko pensó que era su última oportunidad de vivir una aventura.

Él giró la cabeza en espera de la respuesta de su compañera, que presintió la mirada. Se volvió y se miraron fijamente.

—Tengo que confesarte que venía a la aventura, y realmente no sabía por dónde empezar.

—Jejeje. Eres muy divertida Naira. Por cierto, ¿tienes hambre?

—Sí, bastante.

—Te voy a llevar a un guachinche. Se come de maravilla. Y allí conocerás a mi amigo Airam.

Llegaron al local. En una mesa había un hombre moreno que nada más ver a Eneko se levantó y salió a su encuentro. Tras un efusivo abrazo y las respectivas presentaciones se sentaron. Disfrutaron de la comida y bebida.

—Tengo permiso para ascender al Pico Teide el próximo martes. Cuento también con tu amiga—sentenció Airam mientras se levantaba—tengo que marcharme. Hasta luego.

Tras la comida recorrieron bellos parajes hasta que al atardecer se dirigieron al mirador de Chipeque.

Entre el silencio solo se distinguían sus corazones. Eneko acarició la mano de Naira que se volvió hasta que encontró sus labios para fundirse en un beso.

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