EL ERIZO ENZO

− ¿Por qué tengo que ir al colegio mami? me sé el abecedario mira: a, b, c, – recitaba el pequeño erizo Enzo.

−Cariño, tienes que ir, seguro que haces amigos, no puedes estar todo el día en casa – le dijo su mamá frotando su pequeña nariz húmeda, así es como se daban los besos.

Cuando llegó a la escuela el maestro búho ya había comenzado la clase, lo presentó al resto de los compañeros. La única cara amiga que vio fue la de la tortuga Lina, se sentó a su lado. No fue un buen día: le pinchó a la ardilla Felisa que se enfadó y se apartó de él a toda prisa; luego le explotó el globo al conejo Bermejo, era un regalo de su padre así que lloró y lloro durante un buen rato. Enzo estaba muy apurado le prometió que mañana le traería otro, pero nada podía hacer callar los lloros de Bermejo. En la clase de educación física hicieron una carrera, con sus patas pequeñitas tropezó y fue a caer encima de la gallina Marisa que se llevó una buena cantidad de sus púas marrones. De repente se encontró en medio de todos los demás animales que lo rodeaban y le gritaban:

− ¡Enzo pinchón, no te queremos en el cole ¡

Esa noche, el pequeño Enzo no tenía consuelo, estaba muy triste, no le gustaba ser un erizo. Ser un erizo era malo, le hacía daño a los demás. Tenía las patitas cortas, no podía correr como la Liebre Luisa, ni trepar por los árboles como el mono Javier. Mañana le diría a su madre que no quería volver al cole; aunque el maestro búho había sido muy bueno con él y la tortuga Lina también, ¡claro como ella tenía caparazón no le podía pinchar! – pensó para sus adentros Enzo. Se durmió pidiéndole a la luna plateada que mañana se despertara y que no fuera un erizo.

Cuando abrió los ojos al día siguiente y se miró al espejo, se sintió muy decepcionado. Seguía siendo un erizo.

−Mami no quiero ir al cole, ser un erizo es malo, no me quieren allí. Yo no quiero ser un erizo- gimió buscando el abrazo de su madre.

− ¿Qué dices Enzo? Tienes que darles tiempo para que te conozcan y descubran la bondad que hay en ti. Ser un erizo no es malo, nuestras púas nos protegen, tenemos muchas cosas buenas. Así que, al colegio, hoy tienes una excursión, va a ser un gran día ya verás- le dijo su madre con una gran sonrisa.

Y allí estaba Enzo al final de la clase recibiendo aplausos, había salvado a la gallina Marisa de una víbora despiadada que la quería de cena. Se enfrentó a ella y le clavó sus púas.

− ¡Enzo pinchón, eres nuestro héroe, te queremos un montón! – gritaban todos los animalitos.

A fin de cuentas, ser un erizo no estaba nada mal-pensaba Enzo lleno de felicidad.

¡Todos tenemos algo especial!

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