EL SOCORRISTA

Otro verano más y otro verano que me vuelvo nostálgica y me llueven recuerdos de cuando conocí a mi socorrista en aquella piscina y, de eso ya hace algunos años. Recuerdo que ese verano me dio para acudir a la piscina después del trabajo para relajarme un poco. Y gracias a esa intención de relax todo cambio.

La primera tarde ya me quede prendada del socorrista. Un tipo alto, bronceado, de espaldas anchas, con brazos de sansón y mirada verde hipnotizante. A partir de entonces procuraba colocarme siempre justo delante de su campo de visión.  Me dirigía al agua con unos andares altivos que me hacían mas alta del metros sesenta y que me resultaban difícil de llevar<<los cayos me mataban>>.

Me había comprado una serie de conjuntos de baños de lo más llamativos en colores, me teñí de rubia, me puse lentillas azules, todo un bombón, artificial pero un bombón. Me tiré a la piscina con todo el glamour posible<<bajando lentamente las escaleras y apretando los dientes por el contacto con el agua que notaba fría>>. Sabia que él me miraba, lo notaba. Aunque siempre lo pillaba mirando al móvil <<seguro que disimulaba>>. Pero esa tarde tenia un plan en mente para poderme acercar a ese hombretón; fingir que me ahogaba.

Empecé a mover los brazos y piernas de forma llamativa, <<vergonzoso, lo sé>>parecían chapoteos de bebé, pero funcionaban; la gente me miraba frunciendo el ceño, extrañada. Solo me faltaba gritar y, justo cuando iba alzar la voz me di cuenta que una prenda familiar flotaba en el agua, me detuve, entonces supe que había perdido la parte de abajo del bañador.<< Me quería morir>>, estaba siendo victima de un cliché de una mala comedia.<<Tenia que recuperarla>>pero un niño cayó como una bomba haciendo desaparecer la prenda. Estaba tan acalorada que note el agua hirviendo. Empecé a tener espasmos debidos a los nervios, entonces paso lo peor; mi hombretón presto atención en mi <<¡no!, ¡que no se me acerque!>>grite para mis adentros pero, bajo de la silla y se acercaba.

Yo sudaba, él cada vez más cerca, estaba perdida. Entonces, de repente, delante de mí, emergió del agua un tipo escuchimizado, de piel blanca, con gafas de piscina y mi prenda encima de su calva. Eso me salvo ya que el hombretón de mi fantasía de detuvo y dio media vuelta. Avergonzada  cogí la prenda y me la puse no sin enseñara el culo. “Mi héroe” repentino sonreía de forma que me pareció afable. Para no ser menos, lo invite al chiringuito de la piscina. Ahí me enamore de mi “socorrista” escuchimizado.

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