El vuelo de Hanna

La conocí hace cuatro años, cuando llegó a la consulta una madre buscando ayuda para su hija quinceañera excesivamente introvertida.
Tras una primera visita para ver cómo enfocar la terapia me rendí, Hanna no tenía intención de hablar ni exteriorizar sus emociones. Cambié de estrategia y hablé con su madre.
Con lo que me contó enseguida supe la dura tarea que tenía por delante, si quería conseguir que Hanna pudiera ser una adolescente con sueños que cumplir, comprender que equivocarse es algo lícito y que relacionarse con personas es bueno.
Fueron sesiones semanales de una hora, intentando despertar el interés de Hanna para que hablase abiertamente de sus preocupaciones, sus miedos y sobretodo sus emociones.
Recuerdo cuando por fin se lanzó a hablar, escuchar las experiencias tan malas que tuvo me hizo entristecer tanto, que me costó mantener el tipo. Cuando hablaba de los abusos y malos tratos de su padre y la pasividad de su madre, quien también padeció innumerables palizas; su rostro impasible no mostraba ni una sola emoción.
Me habló de las burlas de sus compañeros de colegio, que empezaron como chiquilladas y con el tiempo se convirtieron en duros desprecios e incluso agresiones; haciendo que ella se volviese más retraída y envalentonando más a los que querían dañarla y anularla como persona.
A medida que abría su corazón explicándome cada una de aquellas maldades, sólo intentaba entender como alguien podía herir a un ser tan sencillo y dulce, casi angelical. No le permitieron abrir sus alas y poder volar, descubriendo las maravillas que ofrece la vida.
Aquella mañana estábamos en mi despacho tomando un café, no era una sesión paciente/psicoterapeuta, habíamos creado un vínculo de amistad y confidencias. En esas estábamos, sabía perfectamente cuando Hanna tenía la necesidad implícita de hablar y contarme lo que tenía en su cabeza, pero aún le costaba compartir sus sentimientos y en esa ocasión no iba a ser menos. Dejé que se tomase su tiempo y surgió efecto porque finalmente se decidió a hablar.
—Lucia… ufffff…. —empezó mientras intentaba controlar su ansiedad masajeando el centro de su mano izquierda con el dedo gordo de la contraria— Lucia… hace días que quiero hablar contigo, tengo una cosa maravillosa que contarte.—dijo mientras una tímida sonrisa asomaba en pecoso rostro.
—Claro Hanna, aquí estoy lo sabes…. Cuéntame —dije con mi tono suave que sabía la calmaba.
—Lucía he conocido a una persona que es fantástica conmigo—mientras me confesaba ese acontecimiento su rostro se iluminó como jamás pensé que lograría ver, había conocido por fin el amor.— Se llama Paula.
—Hanna, ¡eso es fantástico! —no pude evitar que la emoción se notara en mis palabras.
—Es algo…. es…. ¡cómo poder explicarlo!. Cada vez que estoy con ella siento como mariposas aquí —me dijo mientras ponía sus dedos en la boca del estómago.
—¡Cuánto me alegro!, ahora debes dejarte llevar, disfrutar y sobretodo ser tu misma.
Mientras Hanna seguía hablando no podía estar más feliz por ella, por fin empezaba a vivir.

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Marti
8 days ago

Que chulo Ali. Me ha encantado. ¡Enhorabuena guapa!

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