ESPÍRITUS DE ETAPAS PASADAS

Sonia estaba preparando las uvas para Nochevieja. Cuando cortó del racimo la doceava, se le resbaló de los dedos. Se agachó para recogerla, pero una fuerza sobrenatural se lo impidió. Entonces la esfera verde se elevó y comenzó a flotar por la cocina.

—¡Bueno, ya está bien! —exclamó enfadada— ¿Quién me está gastando esta broma pesada?

En ese momento percibió una silueta de niña que se hacía cada vez más visible. Sonia ahogó un grito de terror al distinguir su rostro infantil en aquel espectro.

—¿Q-quién eres? —tartamudeó asustada

—Soy tú de pequeña. No tengas miedo, solo quiero transmitirte un mensaje. El tiempo se ha parado para poder comunicarnos, así que tú familia no nos verá a ninguna de las dos. Ven conmigo.

El fantasma se dirigió al salón y ella le acompañó con pasos dudosos.

—Quiero que te fijes en tu padre. ¿Ves esas manos arrugadas que descansan en su regazo? Esas mismas manos te cuidaron desde que naciste. Te ayudaron a levantar cuando te caíste, te arroparon a la noche, te acariciaron, te abrazaron… ¿No crees que deberías agradecerle todo lo que ha hecho por ti? —preguntó con voz angelical.

—Mi padre nos abandonó a mi madre y a mí por otra mujer. Tengo mis razones para seguir dolida. Le perdoné, pero nunca lo olvidaré.

—Solo recuerda que te sigue queriendo.

Sonia no podía apartar la vista de su padre mientras las palabras de su versión del pasado resonaban una y otra vez en su cabeza. Se dio media vuelta, pero no había ni rastro del espíritu de la niña. En su lugar se presentó una silueta etérea de una joven. Abrió la boca atónita e hizo ademán de interrogar a la aparición, pero la interrumpió.

—Sshh, ni te molestes en articular una palabra. Soy tu yo de adolescente y estoy aquí para abrirte los ojos. Tu hija es igual que tú. Y no me digas que era otra época y que te portabas como una santa porque es mentira. Con su misma edad también tenías esa actitud rebelde y siempre llevabas la contraria a tus padres. Deja de discutir con ella. Haz un esfuerzo por ponerte en su lugar.

Sonia no cabía en su asombro. Corrió hacia el baño con la esperanza de librarse de los espíritus que la acechaban. Ni siquiera reparó en que el espectro había desaparecido. Entró rápidamente y cerró la puerta con pestillo. Se lavó la cara en el lavabo para espabilarse y alejar sus alucinaciones. Sin embargo, cuando se miró en el espejo vio el reflejo sombrío de una mujer similar a ella.

—No te des la vuelta. Soy tú de adulta. Quiero decirte que no te olvides de amar a tu marido como el primer día. La rutina del trabajo y todos los años que lleváis casados están acabando con la pasión. Eso es normal, pero tienes que intentar no perderla del todo. Recuerda el día que os conocisteis y todos los instantes de felicidad que habéis vivido desde entonces. Enciende de nuevo la llama de vuestro amor.

—De acuerdo, gracias por los consejos. Pero ahora en serio, ¿qué hacéis todas vosotras aquí?

—Hemos venido a que nos revivas. Llevamos mucho tiempo muertas y ya es hora de que nos hagas parte de ti.

—¿A qué te refieres?

—A esto.

De pronto aparecieron sus otras dos versiones y las tres se introdujeron en su cuerpo. Al mismo tiempo una voz de ultratumba pronunció: «Jamás olvides cómo has llegado a convertirte en la que eres ahora». Después, las presencias de sus etapas se desvanecieron para siempre. Sonia enseguida sintió que era otra persona. Observó su imagen en el espejo, pero por alguna extraña razón no se reconocía.

—¡Mamá, date prisa que no falta nada para que empiece la cuenta atrás!

El aviso de su hija despejó sus pensamientos y salió hacia la cocina. Luego se encaminó al salón con las uvas. En cuanto entró por la puerta sus ojos brillaron de alegría al ver a sus seres queridos. Justo en ese momento se escuchó la primera campanada y al poco tiempo el reloj marcó el comienzo del año nuevo. Sonia le dio la bienvenida con una amplia sonrisa. Besó a su marido como la primera vez, abrazó a su hija con fuerza y le dijo «te quiero» a su padre. Todos se quedaron asombrados con esas repentinas muestras de cariño. Recuperó la expresión dulce que solía tener y reemplazó el carácter apagado que se había apoderado de ella. Aquel nuevo año significó una segunda oportunidad en su vida. Aprendió que no debía dejar de lado su pasado, pues gracias a él tenía un presente. Además comprendió lo afortunada que era al tener una familia que la quería. Su único deseo era seguir siendo así de feliz. 

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  1. Una traslación de la historia de las Navidades pasadas y futuras aplicada a la nochevieja.
    Buen mensaje de que hay que valorar lo que tenemos. Estupendo Mai!!