ESTO ES AUSTRALIA, ¿NO?

Nadie puede pisar Australia sin haber desafiado al mar. Que sí, es posible que el monitor de surf haya tenido algo que ver, pero en esta isla todos te animan a hacerlo. Y, aunque en las sesiones de iniciación parecía un erizo de mar (es decir, con nula capacidad de remar las olas), lo que importa es la intención, ¿no?

⸺¿Lista, Elena? —me dice el cachas del instructor… Quiero decir, Noah.

Todavía no sé si su inglés es atractivo de serie, le pone empeño en pronunciarlo o son mis imaginaciones porque soy turista y mi acento es desastroso.

⸺Claro ⸺respondo en inglés.

Voy a practicar la puesta en pie en el agua, si no me disloco antes el hombro por cargar con la tabla.

⸺No te alejes de mí y sigue mis instrucciones.

No os hacéis una idea de lo sexy que ha sonado eso. Ni tampoco cómo es verlo caminar en ese bañador verde con los omóplatos marcándose a cada movimiento. Casi se podría almorzar en ellos.

En fin, que me adentro en el mar y contengo un gritito por el frío. Aprieto las mandíbulas y sonrío cuando Noah, saltando las olas como un jinete, se gira para comprobar que le sigo.

Me hace una seña con la cabeza para que practique lo aprendido, y me quedo unos segundos en babia por esos pelirrojos rizos que tiene. Luego sacudo los pensamientos, me tumbo y empiezo a bracear. El mar está tranquilo, así que mantengo el equilibrio. Repaso mentalmente los pasos: separar el cuerpo con los brazos, girar la cadera, colocar el pie trasero sobre la tabla, llevar el pie delantero al centro, soltar los brazos, disminuir la flexión de las rodillas y mantener la postura.

Lo he practicado en la arena durante una semana. El primer día casi me tuerzo un tobillo y Noah me llevó a la enfermería. Creo que solo él lamentó el incidente, porque a mí me emocionó que me cogiese en brazos. Por un momento creí que se lanzaría sobre la camilla a besarme, pero solo fue un enérgico estornudo.

Hasta he soñado con este día, quizá de forma muy distorsionada: Noah y yo nos poníamos en pie agarrados como los protagonistas de Titanic. Juntos surfeábamos todos los males. Que diga… mares. Y luego nos dejábamos caer de la tabla para besarnos bajo el agua. Sentía que me había pegado un porrazo y entonces me despertaba. En lugar de bajarme de la tabla, me había caído de la cama enredada en las sábanas.

No espero que hoy nos besemos, pero al menos evitar quedar en ridículo. Intento concentrarme, pero él está pendiente de mis movimientos y me matan los nervios. De hecho, Noah no debería tener nombre de personaje de novela, porque con uno ya tenemos suficiente.

Continúo a contracorriente hasta que me indica con el brazo que permanezca en esa línea del agua. Antes de coger las olas, tengo que practicar sobre la espuma, así que me preparo. Cambio de rumbo con rapidez para tomar la dirección del oleaje y me incorporo de un salto.

Diría que no duro ni medio segundo. Es más, diría que he volado y me he estrellado de cabeza. Me agobio porque siento que la tabla me impide salir y trago agua entre pataleos. Alguien me agarra por la cintura y saca a la superficie. Como era de esperar, es Noah. No parece importarle que me amarre a él como si fuese un tronco flotante, ni tampoco que le tosa en la cara. Las mejillas me arden, aunque por suerte tengo el pelo cubriendo el rostro a modo de cortina.

Me separo de él de un brinco y recupero la tabla.

⸺Es normal perder el equilibrio, Elena. Cuando te sientas pez y no saltamontes, lo conseguirás.

Por la vergüenza que ha subido a mi cara, posiblemente me identifico con un cangrejo.

Vuelvo a la orilla deseando enterrarme en la arena.

Noah se interpone en mi camino con una media sonrisa y me coge por los hombros.

⸺Puedes hacerlo, solo tienes que relajarte. Me pareció divertido que te lanzases a hacer la puesta en pie de un salto.

⸺Lo hice sin pensar, perdona.

⸺¿Por qué lo sientes? Estás aprendiendo y yo estoy aquí para enseñarte. Me gusta que seas atrevida.

⸺Ojalá te gustaran más cosas.

¿Cómo? ¿Mi cabeza ha cortocircuitado o qué?

Noah sonríe tanto y tan natural que podría anunciar una pasta dental.

⸺Y así es. He descubierto mucho estas semanas.

⸺Mi torpeza.

Cállate, Elena. Es un cumplido.

⸺Tu humor ⸺ríe⸺. Y también me gusta tu acento español.

⸺A mí no, pero tengo tiempo de mejorar la pronunciación.

⸺¿Cuándo te marchabas?

⸺En un par de años, estoy haciendo un internado.

Me coge la tabla y me guiña un ojo con encanto.

⸺Entonces no te preocupes, parece que tenemos tiempo.

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Respuestas

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    1. ¡Muchas gracias, Javier! Me alegra que tengas esa opinión del relato. No me sentía en sintonía para escribir nada…

    1. ¡¡Muchas gracias por leerme, Luisa!! Muy contenta de que te haya gustado. ¡Habrá que probar surf si surge la ocasión!

    1. Me alegra que queden ganas de conocerles más 🙂 ¡Muchas gracias por tu tiempo y tu valoración, Rosa! ¡Un placer que me leas!