FRANCESCA Y FELIPO, UNA NOTTE D`AMORE

 Francesca encendió  una de las velas, su tenue luz sería suficiente. Suena  Zucchero Paul Young, “Senza Una donna”, su bajo volumen envuelve delicadamente el salón. Abre una   botella de Antironi Solaia del 2013, le da un sorbo reteniendo en el paladar su  toque afrutado. Prueba el mousse de chocolate, su textura es perfecta y su dulce sabor se funde en su boca. Se mira en el espejo un instante antes de abrirle la puerta, con un suave movimiento de labios  se extiende el carmín. El ceñido traje negro marca sus voluptuosas  curvas y su larga melena ondulada le dan un aspecto muy sensual. A Felipo casi se le corta la respiración al verla. La mira con ojos centelleantes y la besa apasionadamente.

En la mesa está todo preparado. Comienzan a cenar.  La distancia entre ellos es muy corta, para que a Francesca le resulte muy fácil llegar hasta la boca de su amante. Y poder rozarle los labios, interrumpiendo su discurso, embriagándose del  dulce olor de su perfume: Bvgari man.

Con la copa en la mano se acerca un poco más, nota como su mirada se desvía por unos segundos hacia su generoso escote. Con un suave movimiento tienta de nuevo la trayectoria de sus ojos, en un sutil juego de provocación.

Se moja los labios con el vino y  lo mezcla con el sabor de los suyos, con la punta de su lengua, dibuja el contorno de su boca. Le besa. Su boca es ahora suya. Se retira, observando cómo aún mantiene los ojos cerrados.

La botella  está ya medio vacía. Intentan prolongar la cena, pero la mirada a la vez traviesa, dulce y  provocativa de Francesca hace que Felipo empiece a desarmarse. Su excitación va en crescendo como la música que suena de fondo. Está deseando perderse en aquellas curvas y que la única melodía que escuche sea  el melifluo sonido de sus gemidos.

Francesca se moja de nuevo los labios y  mordisquea el  lóbulo de un azarado Felipo que no puede ya contenerse.  Ella casi puede sentir cómo  se eriza la piel de su amante.

Entonces se  rinde, le coge de la mano, casi arrancándole la copa que aún tenía entrelazada entre sus finos dedos y se la lleva al dormitorio…

El llanto de su hijo hizo que Raquel cerrara las páginas  de golpe, casi sobresaltada. A su lado su marido dormía plácidamente, dejando escapar algún ronquido. Le dio un codazo intentando que esta vez se levantara él.  No tuvo suerte, balbuceo algo  y se dio la media vuelta para continuar en los brazos de Morfeo. Ni siquiera tenía tiempo para leer, tenía que dejar el libro justo ahora, en lo más interesante. La novela erótica  se había convertido en  lo más parecido a tener sexo. Su vida se limitaba a cambiar pañales, dar el pecho y cuidar a su otro vástago.

Se miró al espejo, su prominente barriga, secuela aún de su reciente parto, sus marcadas ojeras y aquel camisón especialmente diseñado para amamantar, la alejaban mucho de la sensual  imagen que había leído de Francesca.

 Raquel acunaba a su hijo, mientras le cantaba en un imperfecto italiano “Senza Una donna”. Lo miraba embelesada, su diminuto dedo se agarraba al suyo, calmando así  su desconsolado llanto nocturno. Sonrió, repleta de felicidad.

Francesca y Felipo tendrían que esperar a mañana.

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Respuestas

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  1. Wow, Puri. Que contrastes creas en tus historias. Comienzas como si Francesca y Felipo fuesen los protagonistas, más, al final, los verdaderos protagonistas son Raquel, su esposo y si hijo, solo que los colocas en segundo plano. Y ese libro de Francesca y Felipo, lo voy a comprar, no me quedaré con las ganas de saber en qué para todo ese romance.