FRENTE AL ESPEJO

La has matado, sí, pero ella te provocó, te insultó, te miró como si fueras un monstruo, y sobre todo no tuvo que recordarte tu infancia, no tuvo que hablarte de tu padre. Porque ahora que lo pienso, tú nunca fuiste un niño, no tenías piel de niño, ni corazón de niño, ni alma de niño. Está muerta, sí, un muerto más. Pensabas que era diferente, que te podía salvar, pero resultó ser una zorra más. Tú no tienes la culpa, la culpa siempre fue de él. Si, lámete la mano, ese sabor dulzón que tanto te excita. Te alimentas de esos minutos de agonía antes de que tus víctimas se mueran. Entonces te calmas y ese caos que taladra tu mente se calla. ¿Recuerdas la primera vez? El cabrón estaba tirado en el sofá, olía a tabaco, sudor y whisky barato. Ese día tuviste suerte, el hijo de puta estaba tan borracho que no pudo subir las escaleras para vaciar su mierda sobre ti, te libraste de una de sus brutales palizas. Y entonces lo viste, con el rabo entre las patas, oliste su miedo, lo arrastraste hasta la parte trasera de la casa y lo apaleaste. Sus aullidos, te hacían crecer, pero tú no tienes la culpa. Solo eras un puto niño de diez años maltratado por su padre y como no podías matarlo a él, mataste al perro. No eras tú, nunca fuiste tú, aquel día te transformaste en esa bola de grasa, ese despojo humano que te engendró. Era él el que mató a tu perro, no tú. Tú siempre fuiste ese jodido animal. ¿Y cuándo acabaste con tu amigo?, otro cabrón que te humillaba continuamente; también se lo merecía; te traicionó, le reventaste la cara en ese callejón solitario, mientras las ratas merodeaban por tus pies. Él también era una rata inmunda, aquel rostro quedó reducido a un amasijo ensangrentado, ni su madre lo reconocería. Solo cuando vistes sus sesos esparcidos por el asfalto pudiste parar. Pero no eras tú, siempre fue el monstruo que dejó preñada a tu madre. Arrastraste su cuerpo hasta el contenedor de basura, dejando un reguero de sangre. Luego vino ese silencio y el sabor de ese fluido, tan rojo, tan provocativo, tan húmedo, del que nunca más pudiste dejar de saciarte. Cierto es que luego has perdido la cuenta: vagabundos, borrachos, prostitutas, gente anónima que le importa una mierda a esta sociedad tan corrompida como tus propios pensamientos. Seguro que tenías motivos, aunque ahora no los recuerdes, ya da igual, nada importa. Deja de pensar en ella, las has degollado, tu afilado cuchillo rebanó su cuello de cisne. María, tu ángel salvador, pensabas que te iba a devolver esa humanidad que creías tener antes de que mataras por primera vez. ¡Que equivocado estabas!, sí, fue amable, incluso acepto ese paseo contigo, pero no te confundas era una zorra, ¿ya has olvidado como se puso cuando le contaste lo del perro?: “Eres un puto loco, no te acerques a mí nunca más”, te gritó fuera de sí. Tenías que matarla, ahora los restos de su sangre están mezclados con el agua caliente que corre por las tuberías de tu lavabo, directa a las cloacas. Te alimentas del miedo de tus víctimas, ya no es tu miedo. Nadie te entiende, pero no eres tú, siempre fue él. Por mucho que rompas el cristal del espejo en el que te miras, no borrarás lo que eres. Suelta ese frasco, esa porquería no te hacía bien. No te dejaba pensar y tienes que pensar Víctor, son ellos o tú.

¿Dónde estoy? ¿por qué me siento tan aturdido? Como cuando tomaba esa mierda de pastillas. Me cuesta trabajo pensar; ya sé dónde estoy, en un puto psiquiátrico. Aquel jodido juez, recuerdo algunas palabras, conducta antisocial, esquizofrenia. ¡Que sabrán ellos! Aquí viene otra vez, con su bata blanca, dice que quiere ayudarme, será hija de puta, ¡cómo me vas a ayudar si me tienes todo el día drogado! A mí no me engañas, puedo oler tu miedo.

− ¿Cómo te encuentras hoy Víctor? Hemos aumentado la dosis de olanzapina, me he visto obligada a inyectártela; ya que te niegas a colaborar, estoy aquí para ayudarte- le explicaba la doctora Marta, sosteniendo la mirada indescifrable de su paciente.

Saca el bolígrafo que le quitaste el otro día, ¿a qué esperas? Clávaselo en la yugular, sé que lo estás deseando, no la escuches, la sangre fluirá como  un surtidor, te llegará hasta tu cara. Será tan excitante. Hazlo.

Todas las alarmas del psiquiátrico saltaron, las cámaras acababan de grabar el último crimen del esquizofrénico de la 213.

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Respuestas

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  1. Dios mío Puri es horrible, pero esta tan bien escrito que para ser un género que no va contigo lo has bordado amiga. Ufff que espeluznante. Una pasada y como diría Víctor brutal compañera. Enhorabuena

  2. Intenso hasta el final. Para no ser el género que más te gusta, has creado un hilo continuo de tensión sufriendo a cada línea. Enhorabuena amiga!!

  3. Escalofriante, Puri… Que sensación más terrorífica has transmitido con este relato. Lo has bordado y creo que deberías explorar más en este género. Se te da de maravilla. Y sí, como digo yo… BRUTAL !!!

  4. Escalofriante, plasmas una personalidad esquizofrenica de una forma que da miedo encontrarte con alguien así . Fantástico, Puri