Huellas

La conocí en un hotel. Yo era recepcionista en ese lugar. Ella, trabajaba en la limpieza. Tenía 48 años y aún era bella. Siempre estaba muy callada cumpliendo con su trabajo. Una noche, al terminar su jornada, salió a esperar su transporte. Le pregunté su nombre
—María—. Respondió con timidez.
Me presenté…
—Me llamo José, es un placer conocerte.
—He visto lo duro que trabajas y cómo te tratan tus compañeras. ¿Cómo las soportas?
—Por necesidad—. Respondió con tono triste.
—Soy madre cabeza de hogar, tuve tres hijas, dos por cesárea. Su padre nos abandonó. A mi hija menor, a sus escasos 16 años la secuestraron, la violaron, la mataron y luego la descuartizaron y le echaron en bolsas. Desde entonces, no tengo sosiego. Viví con un hombre que, al principio, me trataba como a una diosa, pero luego, todo cambió. Me vituperaba, me maltrataba, me decía que estaba vieja y fea, que solo le provocaba náuseas, que estaba gorda y llena de cicatrices. Día y noche esas palabras me hieren y aunque ya no estoy con él, mis lágrimas no cesan de brotar. No recibo ayuda de nadie y el dinero no me alcanza. Quisiera irme lejos donde nadie sepa de mi o morir de una buena vez.
Sentí un nudo en mi garganta y una insondable tristeza en mi corazón. Tomé algo de dinero de mi billetera y le pedí que lo aceptara como un regalo de Dios, una bendición.
Desde esa noche, se acercaba a dialogar conmigo antes de irse. Un día, me dijo que deseaba ir a mi casa, lo pensé mucho, más al final, asentí y la llevé conmigo. Hacía mucho calor y quiso darse una ducha, salió del baño tapándose con timidez y muy avergonzada, dándome la espalda dejó caer su toalla frente a mis ojos.
—¿te gusta?
—tu cuerpo es hermoso—. Le dije con asombro.
Ella, temblorosa y llorando, bajó su mirada azorada.

Mujer, creación perfecta eres,
no importa lo que de ti piensen,
no vales menos que otras mujeres,
pues agobiarte es lo que quieren.

Es natural que tengas cicatrices,
el don de procrear tienes,
lo desean modelos y actrices,
por eso te digo, mujer, no te apenes.

Tu belleza no está en tu cuerpo,
acéptate como eres,
porque, no en vano pasa el tiempo,
ni son eternos los placeres.

Tu estatura o color no importa,
tampoco si eres gorda o delgada,
tan solo vive, la vida es corta,
no te preocupes por nada.

No te avergüencen tus estrías,
son las huellas de tus hijos,
que entre tu vientre tejías
y esperabas con cariño.

La belleza está en tu alma,
en tu corazón y tu mente,
cicatrices llevamos en el alma
que nos acompañan hasta la muerte.

Autor:
KCRISS

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Respuestas

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    1. Víctor, compartir contigo es maravilloso. Tu sencillez cautiva y tu experiencia me ha enseñado a ir un paso más allá. Gracias por tu comentario, me motiva. Dios te bendiga y también a tus peques.

  1. Óscar, fantástica historia y fantástico final!

    Emotiva, sensible, poética… Llena de belleza. Y la poesía final es genial!

  2. Es una mezcla de relato con poesía con una sublime maestría.
    Un bello mensaje que refleja lo que afecta a las mujeres las cicatrices en sus cuerpos. Tu forma de ensalzarla es muy tierna. Te felicito compañero!!