Justa cerámica.

 El ruido ya no es opaco, ni solido, que lástima.

Donde se supone que debería de estar escuchando una mantequilla uniforme, escucho cada voz como si fueran partituras independientes de la misma canción. Y eso que estoy removiendo el café, muy centrado en mi pequeño tifón negro, como si fuera el rey del bar. 

La cajera, hasta la coronilla de las notas del crío. —Mira como se me están poniendo las piernas —Proclama con un ademán histérico. El camarero que no habla pero masculla, chasquea y ladra en silencio. Se le ve en los ojos que aún le cuelgan dos o tres lunas de esta semana. Los ácaros de la barra, inmortales, se amotinan contra las bayetas. Javier, su cascada de cupones, su alegría de pin pon, su banca rota en el aire. Manuel enalteciendo las caries se bebe otro tercio, habla de fútbol y pide otro más.  Yo erre que erre, Moisés de la cafeína y la cucharilla que choca contra la cerámica con el ruido de una gesta medieval.

Claro que tengo miedo. Tiemblo al pensar que las voces se vuelven murmullo, porque el murmullo implica un silencio personal y ostias lleva tu nombre, siempre tu nombre.

Y no, no quiero hablarme hoy de ti.

Mantén alejado tu nombre. 

#RetoSemanalLegendsFounders 
Reto semanal 10

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