LA AVENTURA DE SALVADOR Y JUAN DOS UNICORNIOS.

En medio de un hermoso bosque rodeado de muchos árboles y flores multicolores, revoloteaban las mariposas de un lado a otro; los pajarillos se alimentaban del néctar que escurría de los pétalos. Allí con el césped de alfombra y las enredaderas entrelazadas con el verdor de la naturaleza nació Salvador, un pequeño unicornio con un cuerno tan cortito que desde el primer momento llamó la atención no solo de sus padres, sino también del resto de unicornios que formaban la colonia. Este hecho tan poco común hizo que Salvador creciera tímido y con el complejo de ser diferente lo cual lo llenaba de tristeza. Cuando todos se reunían para hablar o jugar él permanecía apartado y silencioso, solo observaba con sus ojos inmensos, esto preocupaba tanto a mamá y papá unicornio, que dejaron de participar de casi todas las actividades. Un día, aprovechando que sus padres dormían, decidió abandonar la manada y abrirse solo a las aventuras que se le presentaran, así emprendió su camino sin percatarse de que era seguido muy de cerca por otro unicornio muy pequeñito. A lo lejos se oían algunos truenos anunciando que se acercaba una tormenta; Salvador corrió prontamente a esconderse en una pequeña cueva que avistó y cuando ya casi llegaba, escuchó una vocecita: “espérame ¡no me dejes solo por favor!” Salvador frenó de repente y preguntó:

-¿Quién eres?

-Soy Juan, te vi y te seguí, siempre te veo solo y a mí me apartan porque soy muy chico.- Como ya comenzaba la lluvia ambos se protegieron en la cueva, Salvador pensaba que debían regresar porque no podría cargar con el pequeño unicornio, además que entendió cómo estarían los padres del pequeño y los de él. Mientras todos los estaban buscando por todos lados, “Salvador, Juan, ¿dónde están?”. Las dos madres se abrazaban y lloraban desconsoladas. La lluvia había hecho estragos, los ríos se desbordaron abriendo pequeños y grandes surcos en el empantanado terreno, por lo que al día siguiente al salir de la cueva, se encontraron con un dantesco espectáculo frente a ellos: se había formado una gran laguna. Juan lloraba sin consuelo diciendo: no podremos cruzarlo. Del otro lado llegaron todos buscándolos y llamándolos; entonces Salvador tomó con valentía la decisión de cruzarla ante las miradas de todos diciéndole a Juan, sujétate con fuerza de mí, yo te sostendré. Así procedieron a cruzar la laguna. En mitad de ésta, Juan resbaló y todos al unísono gritaron ooohhh, aaahhh, y Juan sin vacilar se sostuvo del cuerno de Salvador llegando así a la orilla donde todos los abrazaron. Salvador se arrepintió de haber obrado de esa forma pidiendo disculpas y prometiendo no tomar decisiones erróneas y mucho menos que perjudicaran a terceros en medio de los abrazos y alegría; Juan dio un gritó de emoción, ¡Salvador tu cuerno! Con el jalón recibido lo llevó a su estado natural, ese día a pesar del pantano hubo una gran celebración. Juan a gran voz para que todos escucharán dijo: «Colorín colorado está aventura a terminado».

Fin

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