LA BELLA DURMIENTE

LA BELLA DURMIENTE

Érase una vez un rey y una reina que vivían felices en un castillo. (Pues digo yo Sr. Perrault, ¿si estaban tan felices que necesidad tenían de aumentar la familia?¡ ya podrían haber disfrutado de esos jardines palaciales y de esas noches de amor a la luz de la luna! Porque la verdad, traer una hija al mundo con lo que cuesta parirla, para que a los 15 años un hada con mucha mala leche te la mate, ¡eso la rana no se lo dijo!). Un día estaba la reina bañándose en el río (me va usted a perdonar Sr Perrault, pero ¡mucho palacio y se bañan en el rio!, yo a este cuento le veo lagunas). Entonces una rana oyó sus plegarias y le concedió dar a luz una niña. (Aquí estamos mezclando conceptos el test de la rana, con la rana de los deseos). Al cabo del año la reina dio a luz a una princesita y para celebrarlo hicieron una gran fiesta en su honor, invitaron a todas las hadas del reino, menos a una. (Aquí viene lo mejor, que las hadas eran 13 y solo tenían 12 platos de oro, ¡por el amor de Dios no he visto excusa peor para no invitar a alguien a una fiesta!¡ponle uno de plata, majestad!, a mí no me extraña nada que el hada a la que dejaron fuera de la fiesta más importante del año la liara parda). Ese maravilloso banquete tuvo lugar y cada hada le regaló un don a la princesa: una melodiosa voz, la belleza, la riqueza (yo lo siento Charles, pero aquí ya te columpiaste del todo, ¡que es de primero de frases tópicas que la belleza está en el interior!, “una melodiosa voz”, yo creo que la estabas preparando para el casting de OT, que eras un gran visionario).Pero cuando ya solo quedaba la última hada para otorgar su virtud, apareció muy enfadada el hada que no había sido invitada y entonces lanzó contra la pobre princesita toda su rabia: “cuando cumpla quince años se pinchará con el huso de una rueda y morirá”. Solo quedaba un hada, pero como no tenía poder suficiente para anular el encantamiento, lo aplacó: “no morirá, se quedará dormida eternamente hasta que la despierte un beso de amor verdadero”. (¡Esto es el colmo!, me va a perdonar Charles y disculpe si a estas alturas del cuento nos tuteamos; pero hay que ser muy retorcido para que vean en el último regalo del hada salvadora, una forma de aplacar la condena. Vamos, que prefiero morir a esperar a que un señor, me despierte con un beso de amor. ¡Qué digo yo, que clase de pervertido es para darle un beso a una chica muerta! ¿Y cómo es él? ¿en qué lugar se enamoró de ella? Perdón me estoy liando, que eso es una canción. En fin, que no entiendo nada. Sintiéndolo mucho, estimado Sr. Charles Perrault, con el máximo respeto que le tengo como escritor de cuentos, a partir de ahora cojo yo las riendas).

Y llegó ese día, la bella princesa de voz melodiosa, cumplió quince años. Nunca la dejaban sola, siempre tenía a su alrededor doncellas que velaban por su seguridad. Los jardines de palacio no tenían secretos para ella, entre aquellas flores de exuberantes colores se pasaba casi todo el día. La peinaban, la bañaban, la vestían, estaba bastante hastiada de su vida de princesa. Ella quería saber que había detrás de esos muros que rodeaban el castillo, quería conocer gente de su edad. Odiaba cantar, porque desde pequeña era la atracción de las ostentosas fiestas que daban los reyes. Un día aprovechó que sus padres no estaban en palacio y pensó que inspeccionar el castillo podría ser un buen plan. Consiguió librarse de sus tediosas doncellas y se fue hasta la torre. En un rincón casi oculto vio un huso, se acercó con curiosidad.

− ¡Alto princesa!, yo de ti no me acercaría, antes tienes que escucharme.

De aquel lúgubre lugar salió una anciana de cabello plateado, le contó toda la maldición que recaería sobre ella si se pinchaba con el huso. Ambas mujeres estuvieron charlando un buen rato, barajaron varias opciones. La princesa, además de bella, era inteligente. Lo del beso de amor de un desconocido la estremeció. La anciana resultó ser el hada a la que no habían invitado, que después de tanto tiempo se había replanteado su postura, reconociendo que era ilógica e injusta.

Mientras todo el reino estaba sumido en un profundo sueño, que duraría los años de formación que iba a tener la princesa en otro reino menos retrógrado.Dos mujeres se despedían junto a un majestuoso carruaje.

−Nunca olvidaré lo que has hecho por mí, tú sí que eres mi hada salvadora, te quiero.

FIN

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