La Máscara de Payaso

Sus ojos se encontraron por primera vez en lo que iba de curso. Lester, no podía mover un músculo, pues su timidez, junto con el acelerado latido de su corazón, lo paralizaban. Pero Maya, la chica más hermosa e introvertida de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud, le sonrió de forma casi imperceptible.

Aquel fue un momento cumbre en la vida del joven, algo que podría contar a sus nietos pasara lo que pasara en la fiesta a la que ambos habían sido invitados.

Ni siquiera sabía si ella acudiría y él no era muy sociable que digamos, sin embargo, quiso tomarse el fugaz gesto como una declaración de intenciones, un momento que cambiaría su destino para siempre.

El hecho de poder disfrazarse, debido a que se trataba de la celebración de Halloween, una de las fechas más señaladas en el campus, lo avergonzaba y le daba impulso al mismo tiempo…

Había encontrado una máscara de payaso chiflado tirada en un contenedor de basura del callejón del restaurante donde trabajaba varios días atrás. Algo que no podía interpretar más que como una señal divina.

Ahora solo tendría que ponerse un par de prendas viejas y desgastadas y añadirles un poco de rojo sangre. Se mezclaría con los demás y esperaría el momento indicado para acercarse al objeto de su afecto…

Lester nunca había tenido novia, ni tampoco muchos amigos. Era un tipo inteligente pero solitario. Por suerte, Maya parecía ser alguien muy similar a él. Pues, a pesar de ser muy popular, rara vez era vista en más compañía que la de su compañera de cuarto.

Estaba convencido de que ambos eran almas gemelas, y compartiendo vocación no sería difícil entablar una conversación.

Con el plan trazado, y una vez adecentado para la ocasión, se colocó la máscara y salió a la noche oscura.

La fiesta era en el edificio perteneciente a una de las hermandades más elitistas de la universidad, un lugar que solo podría visitar en ocasiones especiales como esta. Aunque nada de eso era importante.

Mientras recorría la distancia que separaba la residencia en la que se alojaba del lugar señalado, solo podía repasar una y otra vez la estrategia trazada con tasto esmero durante los últimos días.

Afortunadamente, su compañero de habitación era uno de esos guaperas cabeza hueca incapaz de leer el ambiente aunque los furiosos latidos de romeo resonaran en su cabeza a ritmo de tambor. Por lo que nadie conocía sus intenciones amorosas.

El lugar estaba a rebosar de alumnos de todas las facultades. Un compendio de engendros modernos y mitos sexuales. Pero ni aquel espectáculo de luces y sombras, ni el penetrante humo de porro o las salpicaduras de cerveza lo distrajeron de su objetivo.

Tardó tres horas en dar el paso. El sudor hacía que la máscara se le pegara a la piel, con el consiguiente e insoportable picor, pero su momento llegó cuando la díscola amiga de Maya se lanzó escaleras arriba tras el inepto, pero irresistible compañero de Lester; otra señal evidente.  

−Hola.

−Hola.

La chica estaba preciosa. Se había disfrazado de maga. Vestía una holgada bata negra y se había dejado convencer para peinar su oscuro y rebelde cabello en dos inocentes trenzas. Su sencillez contrastaba a las mil maravillas con un rostro seductor y dos enormes y tentadores ojos marrones.

Ese halo de intocable que siempre la rodeaba era lo que había permitido al muchacho acercarse a ella, pero también erigía el muro que impedía cualquier avance más allá del escueto saludo.

−No me encuentro bien. ¿Me acompañas a los dormitorios?

Habían pasado treinta minutos de un silencio mágico y la pregunta lo perturbó, pero se dejó llevar. Su plan había sido un éxito. Los astros se habían alineado para permitirle disfrutar de la mejor noche de su vida. ¿Qué más podía pedir?

Encontraron el cadáver de la joven entre los arbustos de una zona ajardinada del campus. Le habían arrancado la yugular de un mordisco, y aunque se detuvo a varios sospechosos, entre ellos un desolado Lester, la policía no fue capaz de resolver el misterioso y macabro asesinato de la desdichada muchacha, así que nadie prestó atención varios meses después, a la vieja máscara de payaso que apareció misteriosamente en una papelera cerca del lugar del crimen…

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