LA NUEVA ERA

Un frío gélido la despertó aquella mañana. Se asomó a la ventana del Castillo de Harrenhal, un manto de nieve cubría los montes de Los Siete Reinos. Hacía más de un año que reinaba la paz en Poniente. Una paz que le había costado su propio infierno. Con cada luna aparecían las terribles pesadillas. Las imágenes de aquella fatídica noche volvían a su mente como en un sueño inconexo. Ahora tenía lo que tanto había soñado, pero para conseguirlo había dejado atrás un reguero de sangre y  dolor. Su triunfo tenía un sabor amargo. Cuando mandó a  su dragón Rhaegal para que le entregara un mensaje  a Jon Snow no tenía  muchas esperanzas de que acudiera a su encuentro. Siempre le fue un fiel servidor. Pero aquella confesión lo cambiaba todo.  En cada batalla había convertido su corazón en esquirlas de hielo. Dejó la monumental puerta entablada  parcialmente abierta, lo esperaba desnuda en su lecho. Hicieron el amor con el sabor de la muerte en los labios. Su plateado y entrenzado pelo brillaba a la luz de las velas. Jon Snow la poseyó con una pasión desmedida, ardiendo con cada roce de su piel; “la que nunca arde”, como así la llamaban, se hacía fuego entre sus manos. Ahora que había dejado de ser el bastardo de Invernalia, quizás podrían gobernar juntos  la basta geografía de Poniente. Aquella noche sería el principio de una nueva era, pensaba ingenuo, mientras devoraba los sensuales labios de Daenerys.

 La daga que le clavó en el pecho le provocó un inconmensurable dolor, jamás debió confesarle su origen real. Él la obligó a cometer este infame crimen. Observaba como su amante perdía la vida entre sus sábanas aún calientes. Aquellos ojos inyectados en sangre la perseguirían como una alargada sombra; como el eco tortuoso de sus últimas palabras susurradas al oído manchando con sangre su azarado rostro:” Mi reina, siempre tuyo”.

Cada amanecer nevado  se despierta sintiendo  la frialdad de ese cuerpo inerte a su lado.  Cierra la ventana mientras un vaho helado sale de su boca, el llanto de un bebé hace que se dirija hacia la cuna. Su pequeño Adney se ha despertado, le echa una manta por encima, el frío arrecia. Adney, su futuro sucesor cuando ella muera. Será un legítimo heredero, hijo de Jon Snow y  Daenerys Targaryen, único rey de Los Siete Reinos. Algún día tendrá que contarle como murió su padre. El día que lo concibió también le arrebató  el derecho a crecer junto a su progenitor. Quizás nunca se lo perdonaría. La vidriera de su alcoba se abrió  de repente, un aire gélido la hizo estremecer. Vinieron a su mente las palabras de los hechiceros en la ciudad de Qarth: “Tres traiciones conocerás. Una por sangre, otra por oro y otra por amor”. Dos de ellas ya las había sufrido….aún le quedaba la última. Miró con extrañeza a su hijo, como si detrás de aquel inocente rostro se escondiera la más atroz de las profecías.

 

 

 

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