La parte más sexy de tu cuerpo

Ya está. He terminado como he podido (sudando) y me merezco una cerveza bien fresquita con María. Bueno, no. No puedo. Cerveza nada, que tiene alcohol y según Amanda, engorda mogollón.

Aunque me lo he ganado. La clase de zumba ha sido un auténtico desastre. Había que girar para la derecha y yo, toma, a la izquierda. «Huy, perdona». Había que ir para delante y yo, para atrás. «Huy, lo siento». Había que agarrarse a la de al lado y yo, a mi bola. «Huy, disculpa». Total, que más que una clase de baile parecía el momento de la penitencia “Profe, pido perdón por todos los errores que he cometido…».

Ahora en el momento de la ducha, sueño con esa cervecita… pero no puedo, porque los cuerpos en pelotas que se pasean delante de mí me recuerdan por qué diablos me apunté al gimnasio. No porque me guste el deporte, no. No porque me encante bailar y relacionarme, no. Solo quiero bajar peso. Diez kilos si puede ser ¿es mucho pedir?

El caso es que no me veo tan gorda, pero compañeras de la uni, que son divinas y tienen muchos likes en Instagram, me han dicho que con mi altura no puedo llevar una 42.

Ya he probado la primera opción que me recomendaron: los laxantes. Buf, fue horrible, no había tenido más retortijones en mi vida. Creo que el cuerpo decidió evacuar para terminar con esa tortura. Nada. Laxantes, descartados.

Segunda elección, la dieta. O sea, la no-dieta, porque se trata de no comer o, mejor dicho, comer lo que no mola: verduras y pollo. ¿Qué hay de unas lentejitas, unos macarrones o las torrijas de mi abuela? Pues parece que eso no vale. Lo hice una semana entera y no aguanté más.

Solo me queda el último cartucho: ejercicio y nada de alcohol.

—María, ha sido un desastre, todo lo hacía al revés y espérate a las agujetas de mañana…—me desahogo con ella; Para eso están las amigas, ¿no?

—Mujer, los inicios son duros, ya sabes…

—Una cerveza 0,0 —le pido al camarero.

—No sabía que te gustara sin alcohol.

—Qué va, si no me gusta—Tuerzo el gesto tras pegar un trago—. Es para bajar de peso.

—Pero, tía, ¿qué te pasa? Si estás estupenda.

—Nadie con una 42 puede estar estupenda. Lo dicen Amanda y sus amigas.

—¿Las estiradas esas? Que las den por saco.

—Pero tienen razón, estoy muy gorda. Mi tripa es enorme y mira qué muslos…

—De eso, nada. Estás guapísima —sonríe y hace una pausa—. ¿Sabes cuál la parte más sexy de tu cuerpo?

—-Ya. Mis tetas.

—De eso, nada—me agarra la cabeza y me revuelve el pelo—. Tu cerebro.

—¿Mi cerebro? Ja.

— Tu cerebro te hace única, ingeniosa y divertida. No como esas amargadas. Siempre va a haber gente con mejores piernas, mejor pelo y mejor culo. Pero tu inteligencia, tu personalidad es irrepetible, ahí no tienes competencia.

— Visto así… ¡Camarero! Una cerveza, por favor…

———————————————–

Imagen de S. Hermann & F. Richter en Pixabay 

Recommend0 recommendations

Published in CONCURSOS, DRAMA, HISTORIAS, HUMOR, INSPIRACIONAL, JUVENIL, MICRORELATOS

Artículos relacionados

Respuestas

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    1. Muchas gracias, Carmen! Un poco de humor en un asunto dramático, ya sabes, la imagen, el cuerpo, lo que dicen los demás, buf…

      Una cervecita, camarero!

    1. Muchas gracias, Lina!
      Esa es la idea, sí: un poco de humor para transmitir algo muy importante….

    1. Muchas gracias, Maialen!
      Esto es como la canción de Mary Poppins: con un poco de azúcar, la píldora se traga mejor….

  1. Fantástico relato Amaya!!
    Lo que se puede llegar a ser capaz de hacer por agradar a los demás.
    tu forma fresca y desenfadada de explicarlo ha sido estupenda.

    1. Muchas gracias, Paula!
      Todos de alguna manera queremos agradar a los demás, pero no deberíamos cambiar cómo somos… Y lo cierto es que me hacía falta algo de humor!

    1. Muchas gracias, Víctor!
      Después del relato dramático de la otra semana, necesitaba un poco de humor… 😉