“Lagrimas Bajo La lluvia”

La vi lejana, apartada del bullicio. Descansaba bajo un imponente árbol frondoso, se deleitaba con el dulce sabor de una roja y apetecible fruta de aquel bello ejemplar.

Me acerqué un poco tratando de llamar su atención, pero, tenía cerrados sus ojos, su rostro, reflejaba una plácida sensación de paz y satisfacción mientras su boca deglutía aquel manjar.

Llovía, parecía no importarle mucho. Estaba ensimismada, perdida en sus pensamientos, no quise interrumpir aquel estado perfecto entre su mente y su cuerpo, sin embargo, la curiosidad me indujo a averiguar lo que pasaba en su interior. Tomé un fruto caído de aquel árbol y me senté a su lado, muy cerca, sin molestarla. Ambos estábamos empapados. Llevé la fruta a mi boca, cerré mis ojos e hice uso de mi gran don de poder leer el pensamiento. Me concentré en su rostro por unos minutos hasta que pude sentir los latidos de su corazón y su energía fusionada con la mía, ya estaba conectado a su mente.

Sentí, en un instante, mil emociones juntas, ella, recordaba a sus abuelos maternos quienes la adoptaron a la edad de ocho años, cuando sus padres murieron calcinados y solitarios en medio del bosque, encerrados en una casita de madera que su padre había construido.

Estaba recordando cuando en sus vacaciones escolares, su padre la llevaba a quedarse con sus abuelos quienes la amaban mucho. Al llegar, su abuelo la tomaba de la mano, la llevaba a la cocina y le ofrecía un delicioso banano y leche recién ordeñada. Él, la llevaba a pasear a un hermoso lago en el que le enseñó a pescar, la cargaba a sus espaldas mientras recorrían el bosque, le señalaba con su dedo árboles y plantas que veían mientras recorrían el camino hablándole de sus bondades, como lo hacía su padre.

Recordaba también a su abuelita bañándola con agua tibia cuando hacía frío, la vestía y le preparaba un delicioso chocolate con leche, canela y clavos. En sus cumpleaños, ella le hacía su ponqué preferido. En navidad, preparaba unos postres para chuparse los dedos, también natilla, buñuelos por montón y una de esas ricas comidas que deseaba terminar rápido para pedirle más.

Pasaron los años y su abuela tuvo que ser sometida a una operación del corazón, ella, junto a su abuelo, le hicieron compañía hasta que pudo regresar a casa.

Un día, como acostumbraba hacerlo, su abuelita aseaba el baño, accidentalmente resbaló y se golpeó tan fuerte que la costura de la cirugía se abrió, su abuelo, desesperado, levantó a la abuela, tomó a la niña y la llevaron al hospital, allí, de inmediato fue intervenida nuevamente; aquel incidente era grave. Al salir fue llevada a una sala de cuidados intensivos, con sondas, tubos y algunas agujas incrustadas en su cuerpo, la conectaron a una máquina de respiración artificial. Al verla así, se estremeció su alma y, aunque se esforzó por no llorar, no se pudo contener. Su abuelo, la consolaba en medio de su inmensa e inocultable tristeza.

Transcurrían los días y la abuela no despertaba, los médicos comenzaron a inquietarse, no hallaban una respuesta lógica. Dos meses después, al no ver evolución positiva, le entregaron un documento al abuelo, pidiéndole leerlo con cuidado y firmarlo luego si estaba de acuerdo. Estuvo pensativo y callado durante dos días, sus lágrimas rodaban sin poderlo evitar, se arrodilló junto a la cama de la abuela, hizo una oración, le pidió perdón a Dios, y a ella, luego firmó.

Pasaron solo unos minutos y al lugar llegaron varios médicos, enfermeras, camilleros y un sacerdote quien elevó una oración suministrando los santos óleos a la abuela, después de esto fue desconectada de la máquina y su alma partió. Al poco tiempo, su abuelo también murió de pena sin poder despedirse de su nieta.

Abrí mis ojos y la observé con ternura. La joven lloraba inconsolable, pero sus lágrimas se confundían con la lluvia. Respetando su dolor e intimidad consigo misma, me levanté suavemente sin interrumpir aquel momento, me marché bajo la lluvia, con mis ojos inundados por aquel roció que brotaba de mi alma y se confundía con las gotas que caían del cielo.

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Respuestas

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    1. Muchísimas gracias Almara20. Siempre trato de tocar las fibras, las historias pueden cambiar la forma de vivir o de pensar de las personas, cuando el mensaje les toca. Dios te bendiga.

    1. Javi, colega y amigo. Muchísimas gracias.
      Ya lo has notado, la sensibilidad siempre presente en mi estilo. ‍♂️‍♂️‍♂️ Bendiciones mil.