LETRAS ENSANGRENTADAS

La novela estaba en su punto álgido y aunque se esforzaba porque fuese lo más realista posible, no acababa de estar satisfecho con los resultados. Aquel día tenía una cita en la universidad donde daría una conferencia para los estudiantes que se graduaban. Ella estaba sentada en la primera fila. Enseguida la identificó con una de las protagonistas de su novela. Tenía el mismo cabello ondulado y de color azabache. Los ojos eran igual de expresivos y poseía la misma sonrisa pícara a la vez que sugerente. La chica no le quitaba ojo. Cuando terminó la charla ella se acercó con uno de sus libros para que se lo dedicase. Al abrirlo se encontró con una hoja en la que aparecía un nombre y un número de teléfono. Estaba acostumbrado. Desde que era un escritor famoso las mujeres caían rendidas a sus pies. Ese fue su primer encuentro.

Al cabo de unos días él la llamó y quedaron en una cafetería. La cita fue tan bien que se volvieron a ver en varias ocasiones. Aunque la diferencia de edad era considerable los dos se entendían a la perfección. Ella le admiraba y se sentía atraída por su magnetismo. Él estaba entusiasmado porque su personaje había cobrado vida. Y mientras tanto, los capítulos se iban sucediendo.

Habían planeado una escapada romántica en una cabaña en la montaña. Habría tiempo para el amor y también para el trabajo. Tenía intención de avanzar en su novela, por eso se había llevado la máquina de escribir. Era un escritor chapado a la antigua. No le gustaba el ordenador.

La idea germinó en su mente poco a poco y fue tomando forma según iban transcurriendo los días. Cada vez estaba más desesperado con la novela. No encontraba las palabras exactas para describir las escenas. Aquella noche, mientras ella estaba de espaldas contemplando la luna, él la abrazó y le clavó un cuchillo en la yugular. La sangre brotó a borbotones salpicando la ventana y el suelo. Murió en el acto. La dejó caer y fue corriendo a por su máquina de escribir. La colocó en una mesa frente a la ventana y mientras contemplaba la escena del crimen empezó a teclear en la hoja en blanco de manera compulsiva. Las palabras brotaban igual que lo había hecho la sangre que ahora manchaba sus manos. Parecía poseído. Jamás había sentido aquella excitación. Cuando terminó, leyó lo que había escrito y se sintió satisfecho. Después limpió todo de manera meticulosa y se deshizo del cadáver.

Ahora no solo sería un escritor famoso. Se acababa de convertir en el asesino en serie que iba a tener a la policía en jaque por mucho tiempo.

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Respuestas

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    1. Gracias María. Sí, algunos escritores lo llevan todo al extremo. Me sentí un poco como Víctor cuando lo estaba escribiendo, jajajaja. Y eso que no soy de sacar cuchillos.

  1. Hola Carmen! Acabo de entrar de nuevo en la plataforma después de mucho tiempo…y vaya relato! Que fuerte ! Enhorabuena. Un abrazo

  2. Brutal Carmen!! Hasta donde puede llegar la obsesión…
    Muy bien hilado, narrado a la perfección y un final salvaje inesperado. Me ha encantado!!