Los asesinatos de Halloween

Laura iba todos los otoños a la granja del hermano de su padre.
Desde la ventana de su habitación en la lejanía se divisaba el espantapájaros en medio del campo de maíz.
Desde pequeña, aquel personaje colgado de sus bazos le creaba ansiedad y temor a la vez.
Las noches las pasaba mirando aquella figura que le inundaba de angustia.
Había noches en las que sentía movimientos entre el maizal, por lo que ella se incorporaba de la cama súbitamente a mirar por la ventana. Nunca llegó a ver nada extraño, solo la sensación a la distancia de que en la cabeza del aquel espantapájaros le mostraba una sonrisa maligna.
Tenía la teoría de que aquel muñeco tenía vida propia. Llegó a acercarse algún que otro día para cerciorarse de que no era humano.
Por las noches, sus tíos, tenían la costumbre de sentarse junto al fuego a contar historias que rondaban por el pueblo. Se rumoreaba que andaba por la zona un asesino en serie que iba matando a jovencitas todos los años. Sus cuerpos aparecían siempre después de la noche de Halloween.
Las autoridades del condado ya no sabía qué hacer para atraparle.
Laura escuchaba esas historias detrás de la puerta de su habitación todos los años y sus temores crecían día a día.
Ese año Laura cumplía 17 años, y como todos los años, lo pasaba en casa de sus tíos ya que era el 31 de octubre. Pero ese año sus padres, por una extraña razón, no habían podido llegar para festejarlo y ella estaba muy triste.
En la oscuridad de la noche se sentían los rayos y truenos de una tormenta que se acercaba poco a poco a la granja. Miró por la ventana antes de acostarse para divisar que él seguía colgado en medio del campo.
Una extraña sensación invadía todo su ser esa noche. Se acostó con un fuerte dolor de estómago y cabeza, como si su cuerpo percibiera algo que ella no podía sentir. Se durmió cansada de tanto pensar.
Los golpes en la ventana la despertaron. Se acerca a ella y ve que el campo está vacío. No hay nadie colgado en medio del mismo.
Su corazón comenzó a latir fuertemente, de pronto sintió un chirrido en la puerta. Giró su cabeza lentamente con los ojos salidos de sus órbitas. Y logró ver la figura de lo que todos estos años la tenían intrigada. Con una sonrisa dejó ver sus horribles dientes y su terrorífica voz le dijo.
-A llegado tu hora. Truco o trato.

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