Madre de dragones

La madre de dragones había caído y su fiel criatura agarró su inerte cuerpo entre sus garras para echar a volar y escapar del campo de batalla. La bestia estaba dolida, pues la mujer se obsesionó con el trono y no supo ver las intenciones de los que creía su familia.

Viajó durante horas, hasta que el cansancio no le dio más opción que detenerse en una de las montañas cercanas. El dragón presintió una poderosa magia en los alrededores, cosa que le sirvió para apaciguar sus pensamientos. Sí, se vio cegada por el poder, había sido imprudente y lo pagó con su vida pero, en cada recoveco de su corazón, seguía queriéndola. Ella les protegió y les vio crecer, jamás la abandonaría.

Decidió dejar a la madre en la cima para buscar la fuente de tal poder. Sin darse cuenta de que ella le seguía levitando, observándole desde el otro lado. Cruzó el bosque sobrevolando las copas de los árboles, que ejercían su vaivén ante el viento provocado por su aleteo. Había algo más en ese lugar. No eran una sino dos fuentes de energía. Una era la del brujo, pero no supo identificar con exactitud la otra. Se trataba de algo más antiguo, pero a la vez más conocido para él.

Encontró al brujo en una casa que se encontraba en un claro entre la floresta. No podía creer lo que sus viejos ojos tenían enfrente. Ante el rugido de la bestia, el hombre hizo un hechizo por el cual ambos pudieran entenderse.

—¿Puedes ayudarme, brujo?

—Espera, espera —el hombre no paraba de caminar de un lado para otro—. Tengo demasiadas preguntas.

—Te contestaré todas a su debido momento.

—Pero…

—Necesito saber si eres capaz de revivir a un muerto.

Hubo un breve e incómodo silencio. El brujo tragó saliva.

—Lo siento, pero no puedo.

—En tal caso…

—Espera —el dragón iba a emprender el vuelo, cuando el brujo se acercó para disuadirlo—. Puede que no sea capaz de hacerlo, pero hay otras formas de devolver a la vida a los muertos.

El brujo le explicó que, unos meses atrás, encontró un huevo de dragón que estaba a punto de eclosionar.

—Si su alma aún está atrapada en el otro lado —el hombre puso la mano sobre el huevo de dragón—, es posible que pueda transferir su esencia a este pequeño.

El dragón trajo el cuerpo de la mujer y el brujo procedió con el hechizo. Su alma, que se encontraba al lado de ambos, se introdujo en el interior del huevo. Ellos no vieron nada, solo debían esperar.

Cuando nació, se percataron de que era una dragona. Al brindarle el hechizo de comunicación, la mujer caída reconoció a su dragón. Ambos prometieron no separarse nunca más e hicieron que los dragones repoblasen aquel oscuro mundo.

 

Imagen: Chadski51 en Devianart

 

Recommend0 recommendationsPublished in CONCURSOS, FANTASÍA, FICCIÓN, HISTORIAS, JUVENIL, RETOS GANADORES

Artículos relacionados

Respuestas

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *