MADRE

Entró sin miedo en el bosque sosteniendo un farolillo, que alumbraba el camino por donde debía dirigirse su alma. Llegó a la cabaña donde todos sus miedos desaparecerían junto al calor de la  chimenea, esta vez prendida con troncos de hermosos colores.

Tras cruzar el umbral dejando la nieve caer fuera, se deshizo de su abrigo y botas. La lumbre que desprendía destellos de hermosos colores iluminaban la cabaña donde ella comenzó a recordar, cuando dejó de ser ella.

Se sentó sobre la alfombra junto al calor del fuego. Una  taza de te con aroma a vainilla y canela calentaba sus frías manos. Tras tomar varios sorbos lo vio frente a ella. Había venido a visitarla. Como cada 7 de diciembre se abrazaron, María comenzó a suspirar y sentir la paz que le era robada el resto del tiempo que no podía estar junto a él.

-Sergio ha conocido a otro chico, ahora parece que es feliz le ha costado mas de dos años poder reconstruir su vida aunque aun lleva el anillo que le regalaste-  Dijo María mientras acariciaba los cabellos de su hijo en su regazo.

-Lo se y me alegro por él, eso tenia que pasar mama, es normal que cada quien rehaga su vida en el momento perfecto y correcto. Y tu cómo has pasado este año.

María solo pudo bajar la mirada hacia el fuego y el silencio inundó la sala.

-Veo que aun no has conseguido desprenderte del negro en tus ropas a pesar de que me lo prometiste en nuestro último encuentro.

-El luto no es algo externo es un sentimiento que te carcome el alma hasta dejarte seca del todo, son las lagrimas enmudecidas que dejas de echar porque estas cansada de que te miren con pena y yo ya tengo bastante con la mía.- Sus ojos aguados se resistían a mojar sus mejillas.

-No se que decirte, todos tenemos una razón para aferrarnos al sufrimiento, dime la tuya.

-La mía es simplemente querer tenerte de nuevo entre mis brazos como cuando eras un niño, protegerte mimarte y acariciarte, desearía volver a regañarte y sin embargo no puedo, al verte tan crecido solo puedo resignarme tras tu perdida.

-Mama he estado presente en cada pensamiento en cada lagrima tuya después de marcharme, a cada quien le llega su hora. y a pesar de saber que mi despedida ha de ser definitiva yo sigo aferrado a un mundo que ya no me pertenece porque soy incapaz de soltar tu mano.

-Ni yo de soltar la tuya-

María siguió acariciando los cabellos de su hijo hasta caer rendida gracias al efecto de la infusión.

A la mañana siguiente el sol inundaba toda la casa ,aunque a la nieve de fuera parecía no afectarle, sobre la alfombra el cuerpo yaciente de María vestida de negro y una carta junto a ella que decía:

Desde que Marcos era niño veníamos a esta cabaña a pasar las navidades blancas que el tanto esperaba durante todo el año. Aquí éramos felices jugando con la nieve y construyendo unicornios blancos que nos hacían viajar a lugares remotos donde solo la mente puede llegar.

Hoy 7 de diciembre decido después de años de luto insuperable, acompañar a mi hijo en el viaje que emprendió hace años y así desprenderme de este duelo que me acompaña cada día. Estar muerta en vida es peor que la muerte y hoy decido vivir la muerte para poder descansar.

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