Mentes criminales

¡Ay, madre! Tengo que buscarme un abogado criminalista y aún no sé cómo voy a explicarle que acabo de matar a una de mis compañeras de la clase de yoga matinal. Fue un sin querer queriendo, ¿tú me entiendes?

Lo confieso, Rafaela me sacaba de los nervios. Con sus calentadores tan de los ochenta, sus mallas fosforitas y ese pelo con más laca que la Rocío Jurado. Ella mantenía a raya a las arrugas a base de botox y siempre tenía que tener la última palabra en todas las conversaciones, fuera de lo que fuesen: cocina (aunque ella no pisaba la suya ni en pintura), pilates o cotilleos varios. Presumía de marido, aunque todas sabíamos que Don Fulgencio tenía una amante desde hacía más de cinco años con su secretaria. Supongo que lo que más me jodía de ella era que a pesar de haber pasado los cincuenta tenía las carnes más prietas que muchas jovencitas de veinte.

Yo me apunté a esto del yoga para relajarme, pero esta tipa me sacaba de mis casillas. Así de simple. No conseguía concentrarme en mis posturas y la tensión se me ponía por las nubes cada vez que Rafaela abría la boca. Empecé a ir más veces al confesionario del cura del pueblo, porque mis pensamientos impuros cada vez eran más frecuentes, y por impuros me refiero a verla muerta de mil maneras diferentes: que si machacada por la máquina de las pesas, que si caída de la azotea del gimnasio, que si asfixiada por un calamar de la cafetería. Eso era a lo máximo que llegaba mi odio por esta mujer y con los padrenuestros y los avemarías más o menos los tenía todo bajo control.

Ayer mi amiga Paqui me dijo que había visto en el programa de los muertos (Cuarto Milenio) que existe un tipo de ley universal del universo que si te concentras mucho mucho en algo que deseas y lo crees, se acaba cumpliendo. Vamos como los deseos de las velas de cumpleaños, pero a lo bestia. Paqui siempre tiene muchos pajaritos en la cabeza, pero ayer me quedé pensando en esa ley y en si sería cierto. Vamos a ver, si fuera verdad todo el que deseara ser rico lo sería, ¿no? Pamplinas varias de la Paqui, pero yo no pegué ojo en toda la noche.

Y sin horas de sueño en mi cuerpo serrano, esta mañana estaba hecha una piltrafilla con ganas menos cero de ir al gimnasio a verle la cara a la Rafaela de los cojones, pero si no voy luego me entran remordimientos y Pepe me echa la bronca por estar tirando el dinero de la casa en un gimnasio al que apenas voy.

Allí estaba ella cuando llegué, tan divina de la muerte, en el medio de un corrillo de cotorras que le hacían la pelota a pesar de no soportarla, ¡menudo puñado de falsas! Aún faltaban quince minutos para la clase y de repente Rafaela se fue para el baño y yo detrás de ella porque tenía ganas de hacer pis, ¡malditas dietas diuréticas! Caminé detrás de ella con la cabeza baja mirando al suelo y rezando para que no se diera la vuelta y me viera. Mi plan era esperar a que entrara ella primero y una vez se encerrara en uno de los cubículos apestosos, entrar yo. Y el plan funcionó, cuando entré al baño ella ya estaba dentro y encerrada y el resto extrañamente estaba libre. Yo entré en otro y mientras esperaba a que saliera el chorrito seguía pensando en que podía entrarle una diarrea tan grande que no sobreviviera o que un bicho interno se la comiera. Pero al final el apretón me entró a mí, y no me dio tiempo a soltar nada, porque empecé a escuchar a Rafaela dando golpes a la puerta y pidiendo ayuda porque se había quedado encerrada.

Me limpié rauda y veloz y me las piré de allí haciendo el menor ruido posible. Podría haberla ayudado, o haber ido a pedir ayuda o intentar tranquilizarla porque no veas la que estaba armando la tía, pero en lugar de eso, salí de allí por patas y atranqué la puerta principal de los aseos para que tardara más en salir y se perdiera con suerte la clase de yoga.

¡Qué iba yo a saber que la Rafaela era claustrofóbica máxima y para cuando fueron a sacarla, la pobre se había muerto de un ataque de histeria! Pues va a ser que la ley esa que me dijo la Paqui funciona y a ver cómo le explico yo todo esto a mi futuro abogado.

Recommend0 recommendationsPublished in CONCURSOS

Artículos relacionados

Respuestas

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  1. Como me gusta tu sentido del humor Alba, tus relatos siempre me sacan una sonrisa. Genial guapa

  2. Alba, pero qué buenísimo!!! Eres una máquina, me encanta! Tan divertido, tan ágil, tan fresquito…
    Solo podías escribirlo tú. Enhorabuena!!!

  3. Jajajaja, está genial. Me encantan tus relatos Alba, con ese sentido del humor tan característico que les das. Gracias por participar en nuestro concurso. Mucha suerte.

  4. ¡Gracias a las cuatro por vuestras palabras! Que sepáis que en parte gracias a vuestros ánimos estoy preparando (va para largo) una novela con este estilo. A ver qué sale…

  5. Tienes un don peculiar de enganchar desde la primera frase. Tu forma desenfada de expresarte le da una frescura única a tus escritos. Muy bueno Alba!!