MENÚ CLANDESTINO

Hoy es viernes y Paula está feliz porque su reloj marca las 05: 00 p.m., hora de salir corriendo de su trabajo monótono. Es una bella tarde en Caracas así que decide caminar un rato y sus pasos la llevan al bar que le encanta, ese en donde puede ver la ciudad en 360º mientras se toma un Cosmopolitan para aclimatarse.

Sin planes y con cansancio acumulado decide pagar la cuenta para irse a su casa: pedir un delivery y lanzarse a un maratón de series hasta dormirse sonaba muy bien para cerrar el día, sin embargo, recibe una notificación en su celular, una invitación a la inauguración de un restaurant a las afueras de la ciudad. El plan captó su atención, cuando cayó en cuenta estaba en su casa, con la boca roja para destacar su impoluto vestido. De acuerdo a la dirección había llegado a la Esquina Clandestina, un lugar de estilo medieval con amplios ventanales y un jazz magnifico de fondo que le daba la bienvenida; sintió una mano que la tomó fuerte por la cintura y la dirigía a una mesa larga. Se giró rápidamente porque si bien no se molestó le pareció un gesto invasivo, se encontró un hombre muy atractivo y Paula obediente siguió caminando con el misterioso caballero que además la abrazaba con su perfume.

—« Bienvenidos a una experiencia sensorial, un paseo que involucra los sentidos y evocará su memoria gustativa para llevarles a lugares insospechados sin moverse de sus asientos». Explica el anfitrión mientras al compás de sus palabras sirven champán, la música toma el ritmo y los comensales están emocionados a la espera de lo que sigue. Las copas tocan los labios, las burbujas despiertan las papilas gustativas con su efervescencia que lentamente hacen cosquillas por la garganta.

Para el plato principal cada invitado recibe un pergamino que muestra la carta con las tres opciones a escoger:

• Lomo de cerdo con salsa de mango y romero sobre puré de papas con perejil.

• Rollitos de pollo rellenos de queso de cabra picante acompañados de espárragos y zanahorias acarameladas.

• Camarones en salsa de coco y tamarindo con ensalada fresca de lechuga y piña

Se decidió por los camarones sin pensarlo mucho, los ama con locura.

—«El primer plato, el de cerdo, se llama Liberando la Oxitocina porque con él su paladar recibirá amor delicioso, ese que viene por una mínima pero intensa estimulación.

—«El plato de pollo lo titulamos Endorfina Fascinante ya que su lengua será seducida por un sutil picante que bajará los niveles de estrés de aquellos que estuvieron agobiados esta semana, una propuesta nada despreciable ¿cierto?».

—«Y para cerrar con broche de oro, Deliciosa Serotonina, donde se concentrarán los sabores para generar placer. Para maridar estas delicias que probarán tenemos una serie de vinos mágicos, deben descubrir cuál es su poder».

Todos iban recibiendo sus órdenes. Miró fijamente a su vecino de enfrente, el mismo seductor de mirada lasciva y pudo detallar que se encontraba incómodo, con su rostro cambiando de color, sus ojos se viraron y cayó al suelo convulsionando con temblores telúricos. Los gritos no se hicieron esperar y Paula saltó de su asiento a socorrerlo, buscaba con la mirada al anfitrión quién encendía un cigarrillo con la tranquilidad de quién hace una sobremesa después de un banquete magistral.

—«No está viendo lo que sucede- gritó desesperada-por favor haga algo». Paula no sabía qué hacer al ver tantas personas cayendo en efecto dominó y su corazón latía muy fuerte por la preocupación de salir de ese lugar lo más pronto posible, no podía controlar las lágrimas ante el horror que vivía.

—«Damas y caballeros, bueno, los que quedan vivos. Agradecemos su presencia y valentía en jugar con nosotros a la noche de la muerte: una experiencia para morir por la boca como el pez, disfrutar de los placeres disparando sus hormonas de la felicidad y luego llevarlas al mínimo con el miedo, angustia y ansiedad por no saber qué sucede. A todos les corre por su cuerpo en este instante un veneno letal que dosificamos, de allí que observen como algunos mueren más rápido, esa era la sorpresa que aguardaba cada plato. En especial tú, mi Paula, o Paulita como cariñosamente te llamaba. Vas a ser la última en morir».

Una Paula muy mareada intenta recordar esa voz, buscando en sus recuerdos si ese rostro le es familiar hasta que da con su pasado, un hombre plantado en el altar y ella corriendo cual novia fugitiva.

Dicen que la venganza es un plato que se sirve frio, sin embargo, queda demostrado que la temperatura no excluye los sentimientos, más bien los intensifica. 

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