MI ARCOIRIS

Habíamos quedado para ir a andar juntas, no era un día cualquiera. Necesitaba tenerla a mi lado, sin ni siquiera hablar de lo que me estaba sucediendo. Solo acompañar su paso junto al mío. Así estuvimos, respirando paz, caminando, silencios que entre amigas calman el alma. Nos tumbamos en la arena. Los rayos del sol en nuestro rostro, acariciándonos, calentando nuestros corazones. El melifluo sonido de las olas del mar al llegar a la orilla nos hizo olvidarnos de todo.

– Amiga que sepas que no pienso ir contigo a la playa este verano, vas a estar buenísima con unas tetas increíbles y las mías con tres vueltas de bikini para que no se caigan- me coge de la mano y nos ponemos a reír y a llorar, juntas.

Ella es Sonia, mi mejor amiga, o mi hermana del alma. Sabe cómo me siento aunque no me tenga delante, intuye mi estado de ánimo o yo el suyo. Cuando esa mañana de agosto la llamé, algo la sacudió. Acababa de recoger los informes de una revisión rutinaria de mamas, tenía que hacerme pruebas,los resultados eran bastantes desconcertantes. Empecé a leerle el documento como si fuera una niña pequeña, incapaz de controlar los nervios. Como si las palabras no tuvieran el significado que yo estaba interpretando. No era posible. Daba vueltas por la acera, con mi bikini, mis shorts cortos y mi bolsa de la playa, empañando con mis lágrimas las gafas. Sonia es enfermera, esperaba que me dijera que no pasaba nada. El aire se hizo denso, irrespirable. Le mandé una captura del informe y me dijo que me tranquilizara. Tras colgar se mareó. Mi angustia la hizo suya.

Después de ese día empezó a batallar conmigo, cogiéndome de la mano cuando mis fuerzas me doblegaban. Tenía un cáncer infiltrante y requería una doble mastectomía radical. Nunca me soltó de la mano, me visualizaba sana y feliz, viajando juntas. Teníamos tantos proyectos pendientes, tantas risas, tantos salones de bailes, tantas suelas de tacón por desgastar.

-Amiga te he visto firmando libros, en una presentación, estabas guapísima- yo sonreía y hacía mia su visión.

Por un instante los demonios de la quimio borraban la imagen de mi larga melena rubia, me veía sin mi cabello y las lágrimas me quemaban anticipando el sufrimiento que conlleva esta terrible enfermedad y que resulta tan difícil de controlar. Pero mi amiga me devolvía otra imagen y entre las dos auyentabamos los miedos. Aun no sabíamos mucho del cáncer, ni siquiera si había metástasis.

Después de los primeros días donde la angustia, la desesperación y la desolación se hacen dueña de tu cuerpo y de tu alma, empiezas a aceptar y a luchar por la vida.

Siempre estuvo a mi lado, reímos juntas, lloramos juntas. Estoy segura que ella incluso lo pasó peor que yo. Soy una persona muy positiva, con un gran sentido del humor y una alegría que ha sido mi salvoconducto en todo este proceso. Pero mi hermana del alma no me dejó sola ni un solo instante. La amistad tiene muchos nombres, pero este es mi pequeño homenaje a mi querida Sonia. Sus cafés, sus bromas, sus charlas, sus bizcochos de chocolate y sobre todo su cariño, su inmenso cariño. Cuando la vida te sacude con tanta fuerza, descubres que el amor es la mejor medicina para el alma. Y he tenido dosis infinitas. De ella, de muchos. Llegó la fecha de mi intervención, se pidió días en su trabajo, dejó a su familia. Tenía muy claro que quería estar conmigo. Lo dejó todo, yo la necesitaba. Me reconfortaba tenerla a mi lado, se tragó las lágrimas y las sustituyó por palabras de ánimo y sonrisas. EL día antes cogimos un hotel, mi hermana, ella y yo, cenamos, bromeamos y nos reímos. Luchando cada una contra sus propios temores, pero unidas. Fui la única que consiguió dormir, agotada quizás por el viaje y el stress acumulado. La lobreguez de la noche avivó los miedos de mis dos ángeles. Solo ellas saben lo que sintieron esas tres horas de quirófano. A pesar de ser una excelente profesional y estar convencida de la seguridad de las intervenciones quirúrgicas, la que estaba dentro era su amiga y esa perspectiva lo cambiaba todo. La amistad tiene un nombre, se llama Sonia. Ya han transcurridos varios días y lo peor ha pasado, el camino es largo y arduo. Pero sé que no estoy sola. Nunca lo he estado.

– Amiga que te conozco, a ver si vas a ir a dar el pésame con un escote hasta el ombligo- más risas, sólo ella es capaz de hacerme ver los colores del arcoíris cuando el negro lo impregna todo.

Nos abrazamos; el cáncer es menos cáncer cuando la amistad te lleva de la mano.

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Respuestas

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  1. Por fin pude leerlo. Madre mía que relato más íntimo y maravilloso. Tu naturaleza espiritual despliega lo mejor de ti misma que es ese positivismo, esa alegría. Escribes con una fuerza quinoa traspasas el alma. Sois afortunadas por teneros. Precioso Puri

  2. Precioso Puri,
    Llorando a moco tendido desde el minuto uno. Bellas palabras, impregnadas de ese sentir espiritual, esa ternura, humor y positivismo tan tuyo. Relato de desnudar el alma, íntimo, y conmovedor. Enhorabuena

  3. Madre mía Puri eres extraordinaria. Un relato íntimo. Como has volcado todo los sentimientos, la fuerza que tiene la amistad de la buena. Eres valente, fuerte, positiva, cariñosa, divertida. Eres la leche amiga.
    Un relato insuperable. Buenísimo.