NO TE DUERMAS

      Cierro la tapa del portátil y me preparo un té en mi taza predilecta. Me acerco a la ventana mientras bebo con pequeños sorbos y voy oteando el horizonte. La gente camina de forma autómata. No me extraña pues son las nueve de la mañana y el ritmo cotidiano se impone en un viernes cualquiera.

      Hoy quiero escribir mi siguiente capítulo. No es que tenga ausencia de ideas, es que mi mente bulle en un sinfín de imágenes que pueden formar una historia, pero están totalmente desordenadas. Respiro hondo como si quisiera que el oxígeno las organizara y pusiera en fila una a una todas con palabras que puedan hilar esa novela que cautivará a mis familiares, amigos y seguidores. Quizá sea esa presión lo que me está frenando. Es mi primera novela y la verdad, estoy acojonada.

      He mirado páginas web donde aconsejan que seas un escritor autopublicado. En otras reseñas hablan de que es mejor que tu primera novela la trate una editorial. Acabo totalmente colapsada de información y sin escribir ni una línea de mi quinto capítulo. Decido llamar a mi amiga Luisa.

– ¡Hola nena! ¿Cómo lo llevas? -me contesta con el típico buen humor que la caracteriza.        

– Aaaay, Luisa… Hoy tengo un día negro, negro.         

– ¿Problemas con el siguiente capítulo?

– Como me conoces…        

– Tranquila, nos pasa a todos. ¿Sabes qué hago yo cuando me quedo bloqueada?         

– ¡Soy toda oídos!         

– Salgo de casa y me voy a pasear. Vacío mi mente de todo lo que me ronda. Observo a la gente, lo que hacen, sus expresiones e incluso a veces escucho algún fragmento de sus conversaciones. Cuando vuelvo me preparo una taza de té y en lugar de plantarme delante del portátil, cojo una libreta y dejo que la mente suelte ideas a su antojo.         

– No sé yo si eso me puede servir….         

– ¡Pruébalo! Ni te imaginas las cosas que han fluido después de un paseo de desintoxicación. Así es como lo llamo yo. -Escucho la risa de Luisa al otro lado del teléfono y pienso que si sus novelas me capturan desde la primera página quizá no sea una técnica tan descabellada.

– Pues mira, te haré caso. Mañana mismo me iré a deambular por las calles.         

– ¡Así me gusta! Ya verás cómo te sorprendes cuando leas lo que hayas anotado. Un último consejo nena; observa relajada cada detalle como si fuera el cuadro de un museo. Graba las impresiones y sensaciones que te produce todo lo que te rodea para escribirlo después.         

– Gracias Luisa. Eres un amor.

      La calle está abarrotada de gente paseando, en los bancos del paseo charlando y mirando escaparates. Normal, es sábado y lo habitual es aprovecharlo para disfrutar de la luz del sol que hoy luce con esplendor y de hacer algunas compras.

     Sigo el consejo de mi amiga y me dejo llevar observando todo mi entorno. Me sorprendo al ver lo diferente que se pueden apreciar las cosas y las personas con la distancia suficiente para percibir los detalles.

     Llego a casa y me siento casi flotar. No puedo ni detenerme para preparar una taza de té ni café ni chocolate. Tengo una necesidad imperiosa de soltarlo todo, que como flases acuden a mi mente.

     Es curioso como escribir en papel, a la vieja usanza, te hace concentrar de forma diferente. Cuando me detengo, dejándome caer hacia atrás en la silla, me doy cuenta de que he llenado varias páginas. Esto no me lo ha dicho Luisa, sin embargo, me nace de dentro cerrar la libreta y dejarla para leer lo escrito para el día siguiente.

 

     Estoy diseñando la portada de mi novela en la que ya escribí la palabra FIN. La emoción es indescriptible. ¡Cuánto le agradezco los consejos a Luisa! Aquella famosa libreta llena de anotaciones tejió en palabras el hilo conductor de la historia que bullía en mi mente desordenada.

     Ya he pasado por el trabajo más tedioso, la revisión y corrección, y está lista para entregar el manuscrito a mi profesional de confianza. A veces estar tan implicada en tu novela produce que se te cuelen errores.

     En un mes aproximadamente ya podré iniciar mi campaña y lanzar mi novela. Estoy tan ilusionada que solo deseo que los amantes de la lectura de mi género disfruten con mi historia. Quiero que me cuenten su impresión. Ese contacto estrecho con tus lectores es la gratificación que te impulsa hacia una siguiente novela.

 

     Un pitido estruendoso me sobresalta. Un camión pasa tan cerca de mi nariz que casi puedo oler la mercancía que lleva. ¡Joder, por poco me atropella! Me he dejado llevar paseando y observando, como me dijo Luisa, y no me he dado cuenta de que cruzaba la calle con el semáforo en rojo.

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Respuestas

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  1. Sí, lo mejor en estos casos es desconectar para volver oxigenada y con ganas. Ay, qué ganas de leer tu novela. Sin haberla leído ya sé que me va a encantar.