NO TE OLVIDO

Aún recuerdo aquel verano en el que mi vida cambió para siempre. Las vacaciones habían llegado a su fin y yo estaba emocionada con nuestro reencuentro. Tú habías estado unas semanas en tu pueblo y yo me había quedado en la ciudad. Aunque me lo había pasado bien te había echado mucho de menos.

La mañana de aquel fatídico día desayuné deprisa y me vestí a todo correr con lo primero que encontré en el armario. No quería perder ni un instante. ¡Tenía tantas ganas de verte otra vez! Salí de mi casa feliz e ilusionada y me acerqué a la tuya que estaba solo a unas calles de distancia.

Por el camino iba haciendo una lista en mi mente con todo lo que te tenía que contar. El verano había dado para mucho y estaba segura de que tú también tendrías cosas que contarme.

Al llegar a tu portal toqué en el teleportero y cuando contestó tu madre pregunté por ti. Hubo un silencio al otro lado y sentí un llanto contenido.

―¿Quién eres?―preguntó tu madre con un hilo de voz.

―Soy Carmen, la amiga de Conchi―respondí de inmediato. Un mal presentimiento se instaló en mi corazón y en mi mente antes de que tu madre me diese la mala noticia.

―Conchi ha muerto, cariño. Tuvo un accidente de coche cuando volvía a casa. ¿Quieres subir?

No respondí. No podía. Las lágrimas me anegaban los ojos y mi garganta se negaba a emitir sonido alguno. Todo desapareció a mí alrededor. Solo escuchaba las palabras de tu madre una y otra vez en mi cabeza: «Conchi ha muerto». No entendía cómo había podido ocurrir algo así. Tú eras joven, no podías morirte. Me quedé allí, en la calle, sin saber qué hacer. Era mi primer contacto con la muerte y no estaba preparada.

Al cabo de unos minutos regresé a casa como una autómata. Mi madre según me vio se dio cuenta de que algo malo me había pasado. Le conté lo que había ocurrido y me desahogué con ella. Días después llegaron las explicaciones sobre el accidente y el funeral.

A partir de ese momento tuve que aprender a vivir sin ti, amiga. Ya no estabas ni en las clases ni en el patio. Ya no te tenía para hacerte confidencias ni para reír o llorar contigo. Fue una época difícil, dramática. Así la recuerdo ahora mismo a pesar de los años que han transcurrido. Después de tu muerte no supe nada más de tu familia.

Con el paso del tiempo llegaron más amistades. Unas se han mantenido, otras no. Pero he de decirte, querida amiga, que te sigo recordando. No has desaparecido de mi vida porque continúas en mi pensamiento y te siento muy cerca de mí. Yo sé que desde donde estés ahora mismo, velas por mí y por mi familia.

Hace unos años, mi hija me contó mientras comíamos que había coincidido en clase con una chica que tenía tu mismo apellido. Además, la joven aseguraba que su madre me conocía. Intuí que era la hija de tu hermana pequeña. El destino volvía a cruzar los caminos de tu familia y la mía. Me pregunto si no estarás detrás de esta increíble casualidad.

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Respuestas

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  1. Me ha impactado tu relato, cuando he leido “Conchi ha muerto cariño” se me ha cortado la respiración. Muy bueno y transmite dolor.

    1. Gracias Javi. Es una historia real de principio a fin. Me ocurrió cuando tenía doce o trece años. Fue tremendo por lo inesperado. Nunca estamos preparados para la muerte, pero a esas edades menos todavía.