Observando el entorno

Contemplar el mundo desde la ventana me hace reflexionar.

La abro, el aire acaricia mi cara y puedo respirar con libertad.

De repente sale volando un papel de mi escritorio.

–¡La factura del agua!

Salgo corriendo a perseguirla. Llega hasta la orilla del río. Se mezcla con las hojas secas en un remolino de viento y se adentra en el agua por encima del cauce del río. Se escapa… Viéndola volar alejándose, sonreí. Vi lo irónico de la situación y supe que perder una factura no tenía ninguna importancia. Me alegré de que me trajera hasta aquí, siendo testigo de la liberación que comporta desprenderse de lo material. Recordé el pasado e imaginé que lo soltaba al viento como a ese papel y me sentí liberada. Sentí lo poco importante que sería perder las cosas materiales si estás junto a quien quieres estar. Con quien te importa, te valora, y el sentimiento es recíproco. Las cosas materiales se pueden restituir, las personas y seres queridos se tienen que cuidar.

Empecé a mirar el agua con sus brillos y reflejos. Me miré en su espejo cristalino y vi el reflejo de lo que se ve e intuí lo que no se ve. Un bagaje que solo uno mismo sabe y que en muchas ocasiones los demás no. Y aunque los que más te conocen sepan algo de él, hay cosas que solo uno ha sentido y lleva consigo. Algunos otros que te conocen menos pueden intuir algo, otros que sepan de ti de manera superficial pueden suponer sin saber y otros muchos que ni se enteren de lo que hay. La propia visión física de uno transmite también algo de lo inmaterial, con gestos, con la actitud. Aquello que se siente sin ni saber por qué pero que no se puede entender de manera racional.

Siempre nos reflejamos, de alguna manera, en más o menos grado, en quienes tenemos cerca lo sepan ellos o no, y ellos en nosotros.

Y vamos viendo pedacitos de nosotros en los demás. En esa actitud que tiene el otro que se parece a la nuestra y que no nos gusta y no queremos reconocer y nos molesta de la otra persona. En aquel gesto dulce hacia alguien que nos llega porque lo tenemos nosotros también. En aquella sensación de que con esa persona vamos a congeniar y con aquella no y puede que nos sorprenda gratamente, y si no, es que nos habíamos equivocado… o quizá no.

Todas las visiones de los reflejos del río me transportan al río interno de la vida que nos lleva hacia el mar de nuestras vidas hacia donde vamos todos. El vasto mar que nos une y nos convierte en la unidad.

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Respuestas

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  1. Me ha gustado la comparación de nuestra vida con el reflejo del río y cómo de alguna manera nosotros mismos nos reflejamos en los demás, a veces para bien y a veces para mal. ¡Muy bello, Rosa!