OBSESIÓN

 

 

 

Sus  gritos insoportables rechinan en mis oídos, me tienen hastiado,  molestan, no creo  soportarlo  más.  — ¿Por qué no recapacita?—, — ¡acaso no entiende  que la amo!—  Todo lo hago por su bien, ella debe aprender, como se aprende todo. Las malditas redes adictivas, la trajeron a mí, cada día somos más imbéciles y tontos; dejamos de vivir lo real, por andar pegados a un chat. Ella quiso  dar el segundo paso  dándoselas  de viva, viniendo hasta aquí.

Ella creyó que  entre a su juego, sin saber, que era ella, la que entraba al mío. Como me encantaban esas gafas de marco oscuro, cuando se devoraba los libros, esa mirada con aquellos  ojos almendrados, me incitaban a seguirla. Yo, se que ella quería, y lo logró. Esa blusa de seda trasparente  dejaba ver su sostén de encaje blanco,  miraba su pecho palpitar, eso me hacía volar. Su  cabello ondulado  brillando con el sol, me hechizó. Aquella  falda ajustada a la cadera  en secreto gritaba, —mete tus manos en medio de sus piernas—. Si, era una delicia espiarla, mientras se desvestía…me excitaba.

Reconozco,  he sido muy bondadoso con ella, recuerdo cuando la bandida se revolcó con su   novio,  tocó hacerme la pajilla, viendo como  él  la hacía gemir, — ¡Desgraciada  profano la cama!— Ese asunto del novio, lo tuve que corregir, así como el sintió placer cogiéndose a mi chica, yo sentí el doble de  placer, hundiéndole un puñal en medio de sus vísceras. Pobre idiota recuerdo su cara de clemencia, me desconoció, no sabía de mí. Ignoraba que yo era el dueño de ella, — ¡patético!— Analizando,  yo también rayo en lo patético, ella me ama y yo la amo. Ella  debe educarse, últimamente ha cometido muchas faltas. Pensándolo bien, — ¡¿de pronto, no me ama?!—

Le he perdonado mucho, ella en ocasiones me cambia por sus locas amigas promiscuas y drogadictas, eso también debí solucionarlo, por poco  se la liga, su amiga borracha, que espectáculo tan bochornoso. Sentí  ira,   tuve que contenerme. Aguante toda la noche, bajó la lluvia hasta la mañana. Cuando su amiga la loca salió del piso, yo,  estaba que colapsaba, — ¡maldita me la quería robar, pero no alcanzó!— Me causó  risa ver su  inocente expresión… En su rostro se preguntaba, — ¿quién diablos era yo?—

— ¡Cínica, quien era ella para robarme mi chica!— La filosa  hoja del bisturí se deslizó suavemente sobre su cuello, me impactó, la presión de su sangre, impregnó mi camisa fina, — ¡yo, odio la sangre!—…

De repente vuelvo  a mi presente, demasiado  silencio, —no me gusta—. Pareciera que mi amada dejó de gritar, tal vez se rindió. — ¡oh no!—, se  asfixió. Con los gritos que dio, el oxígeno se acabó más rápido. No aprendió la lección…eso  frustra. Debo salir y deshacerme del cuerpo… Fue rápido, cada día soy más profesional. De repente  mis ojos brillan de nuevo, — ¡que  chica tan espectacular!—, no  puedo resistir su aroma corporal. —Ella me desea, lo se—, no deja de mirarme, ella  sonríe, yo, feliz…

 

 

 

 

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