Perder para encontrar. 

Las agujas del reloj están volviéndome loca. Creo que solo llevo en esta horrible sala de espera cinco insignificantes minutos, pero me han parecido quinientos años. La señora que está sentada a mi lado lee entre murmullos, su hijo da golpecitos con el pie y el hombre de la chaqueta de pana masca chicle como si quisiera generar energía con ello. 

-¡Basta! -grito mientras me levanto con los puños apretados. 

-Señorita Torres, puede pasar -dice la recepcionista mientras todos me miran atónitos, aunque ella parece acostumbrada a este tipo de numeritos. 

Arranco mi bolso del respaldo de la silla y me dirijo a la consulta de mi quinta psicóloga. 

-Buenos días -saluda con voz dulce sin dejar de mirar su cuaderno de notas. 

No le respondo. Si no merezco que me mire no tengo razón para ser educada con ella, ¿no? Entonces levanta la vista y yo sonrío satisfecha. 

-Hola -digo al fin. 

-Bueno -comienza-. Ya veo que su problema tiene que ver con la ira, ¿no es así?

-¿Qué? -respondo muy indignada-. ¡No! 

En ese mismo momento me doy cuenta de que estoy gritándola mientras ella me observa con interés y, tratando de disimular mi irritación, comienzo a jugar con mis anillos. 

-Puede que también tenga ese problema -claudico-. Pero estoy aquí para que me ayude a recuperar mi memoria. 

-Vaya -parece realmente sorprendida… o quizá es otra cosa lo que noto en su mirada. 

Se levanta, se sienta a mi lado, encierra mis manos entre las suyas y permanecemos así unos instantes. 

-¿Para qué va a servirme esto? -pregunto con impaciencia. 

-Para nada -responde. Lo que yo temía-. Pero yo pasé por algo así y quería que te sintieras mejor. 

-¿Cogiéndome las manos? 

-Sí. ¿Cómo te has sentido?

-No sé -digo con sinceridad-. Tranquila y después…incómoda. 

-Ya veo. Verás, Nere…Señorita Torres. No hay ningún tratamiento milagroso para recuperar sus recuerdos; pero puedo contarle lo que me funcionó a mí. Si quiere, claro. 

Asiento y le hago un gesto con la mano para que prosiga. Esto es muy raro, ahora vuelve a tratarme de usted. ¿Será demasiado educada? Pero si debemos tener la misma edad. 

-Verá -su voz me devuelve a la realidad-, yo también utilizaba la ira como vía de escape cuando el miedo se apoderaba de mi mente. Esa mujer con unos gustos específicos por la lectura, su hijo, un hombre…  ¿Le gustaba a usted leer? ¿Quería tener hijos? ¿Le gustaban los hombres? ¿Le habría gustado un hombre con ese estilo? Todas esas dudas le molestan mucho más que los sonidos, ¿no es cierto? Puede que sus seres queridos le den respuesta a todo lo que se pregunta, pero…

-Quiero saberlo por mí misma, comprobar que es cierto. 

-Eso es -dice agitando su bolígrafo-. Para encontrar sus recuerdos, debe perder sus miedos, señorita. Si los bloquea creyendo que se van a desvanecer, jamás los recuperará. 

-Entonces, simplemente tengo que dejar de sentirme molesta por todo lo que me rodea para no bloquear mis recuerdos. Y… ¿Por qué me da miedo recuperarlos? Si eso es exactamente lo que quiero hacer. ¿Pero qué es lo que me está contando?

Me levanto arrastrando el pesado sillón con mi brusco movimiento y saco de mi cartera el dinero de otra sesión inútil. 

-Lo está haciendo otra vez -dice mientras me devuelve el billete que acabo de entregarle-. Le da miedo porque quizá lo que descubra no le guste demasiado, porque todos quieren hacerla ver que su vida era perfecta. Usted sabe que no es así, sabe que le ocultan lo que le llevó a este estado; pero, créame, merece la pena conocer la verdad. Vuelva si cambia de opinión. 

-¿Cómo sabe que no perdí la memoria a causa de un accidente? -pregunto estupefacta-. ¿Cómo sabe que fue por…?

No puedo terminar. Mis ojos se llenan de lágrimas y ella me abraza. 

-Lo descubrirás cuando lo recuerdes todo. Has venido hasta aquí. Me has encontrado. Eso debe ser el comienzo. 

La miro con los ojos desencajados. ¿Cómo puede soltar que me conoce y quedarse tan tranquila? Abro la boca para decirle cuatro cosas, pero levanta la mano para hacerme callar. 

-Debes descubrirlo tú sola. Que yo te lo cuente solo empeoraría la situación. Nos vemos la semana que viene. 

Y así, sin más, me invita a marcharme sin decirme una sola palabra más; pero más decidida que nunca a descubrir la verdad. 

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Published in CONCURSOS, ESCRITURA

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Respuestas

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  1. Me ha encantado Maria, intrigante y muy bien relatado esas descripciones del estado emocional de la chica don son buenísimas. Oleee

  2. Una pérdida importante y una intriga que te engancha. Estupendo Maria, generas expectación para saber que pasará. Muy bien descrito el estado de ánimo de la protagonista. ¿Hay segunda parte? jejejeje

    1. ¡Muchas gracias, Paula! Sí, la continuaré porque yo también me he quedado con ganas de seguir escribiendo su historia jaja