Phasmophobia

Phasmophobia

Alexa añora su vida anterior al estado de alarma: Visitar a sus padres al pueblo, ir al cine con algún chico, bailar con sus amigas en la discoteca hasta el amanecer, sus interminables charlas con el psiquiatra, sus paseos matutinos por el Parque del Retiro e, incluso, algo tan sencillo como tomar un café en su bar favorito. ¡Cuanta razón tenía su madre! Una no sabe lo que tiene, hasta que lo pierde.

Lo peor de estar sesenta días encerrada, en un piso de no más de 50 m2, es la soledad. Su compañera de piso volvió a su pueblo natal antes de que todo el caos comenzara. Alexa no pudo imitarla, puesto que estuvo yendo al hospital y trabajando hasta el día antes del encierro nacional. Todo pasó demasiado deprisa y, cuando se quiso dar cuenta, estaba encerrada en casa buscando una buena serie que ver en Netflix.

Los primeros días encerrada se pasaron volando gracias a las series que tenía atrasadas, videojuegos sin estrenar, libros abandonados en su librería y otras varias opciones de ocio. Sin embargo, durante la última quincena, Alexa ha pasado la mayor parte de su tiempo durmiendo. Y, por lo tanto, soñando con oscuros presagios y seres de pesadillas. Hoy, Alexa se siente más extraña de lo habitual. En la casa, la calle y el edificio donde vive reina una calma inquietante. La luna esta noche no ha hecho acto de presencia, como si empatizara con la humanidad y no quisiera salir.

Al pasar junto al pasillo, observando por quinta vez en el día su Instagram, se percata de un movimiento extraño. Una sombra enorme que entra dentro de su baño. Durante unos instantes, se queda inmóvil pestañeando reiteradamente. El aire no alcanza sus pulmones. Alexa agudiza al oído. No suenan pisadas, ni ninguna respiración ajena a la suya. Una risa suave y tonta se escapa de sus labios sin poder evitarlo. ¡Está imaginando cosas! No hay otra explicación razonable. Respira con fuerza, intentando acompasar sus latidos desbocados. 

Alexa sigue su recorrido, coge un pijama limpio y se redirige hacia el baño. Escoge una lista de reproducción relajante en Spotify. Su dispositivo lo reproduce a todo volumen. Al entrar, el teléfono cae contra el mármol rompiéndose en el acto. Allí justo frente a ella se encuentra una persona. Una mujer muy similar a ella, aunque algo deteriorada por el paso del tiempo. Ha vuelto. 

Los ojos de Alexa se llenan de lágrimas. La última vez que vio a su hermana mayor con vida fue hace tres años, justo antes del accidente de automóvil en el que pereció. Aunque eso no es precisamente cierto, después de su fallecimiento, Alexa la ha vislumbrado en otras ocasiones: En la casa de sus padres dónde se criaron, entre una multitud de personas, bajo la sombra de los árboles del parque… Siempre está junto a ella, observando cada uno de sus movimientos. Velando por ella. Esta es la primera vez que la tiene tan cerca, con solo estirar la mano podría tocarla.

– ¿Eres mi ángel guardián?

La presencia frente a ella no le responde en palabras, simplemente le devuelve una tétrica sonrisa. Sus dientes están amarillentos y roídos. Algo oscuro y macabro resplandece en su mirada. Alexa no tenía que haber dejado de tomar las pastillas que le recetaron. Quizás su psiquiatra tenía razón y su Phasmophobia no tiene cura. Ella no es su hermana, ni siquiera un retazo de ella. Una frase le viene a la mente en sus últimos segundo de cordura, Los demonios caminan bajo muchas formas. 

Hablar con alguien que no está en este mundo no ha sido una buena idea.

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