PISA CON GARBO

Se había acostumbrado a ser el centro de  todas las miradas.  Podía clasificarlas en décimas de segundos: las indiscretas, las despectivas,las burlonas. Hacía mucho tiempo que no le afectaban. Nada en ella era discreto. Ni su larga melena azabache, ni ese maquillaje excesivo, casi grotesco, infantil incluso, como si fuera una niña pequeña que quisiera ponerse todos los colores de la paleta en su rostro. Su  ancha espalda  se cerraba en una estrecha cintura. Debajo de sus minifaldas o ajustados pantalones  se comprimía su aplastado trasero, sin seductoras voluptuosidades, sin connotaciones sexuales. Solo era eso, su culo. Era paticorta, pero al final de sus piernas los tacones más fashion cobraban vida y pisaban con garbo. De exuberantes pechos que siempre se asomaban en atrevidos escotes. Vestía de forma estrafalaria. Esa combinación de colores chillones junto con aquellos estrambóticos modelos, eran su debilidad. Plumas, sombreros, collares, pendientes y anillos, cualquier complemento era su deleite y se lo ponía todos a la vez. Sin orden ni concierto, ni estética. Toda en ella era un maravilloso caos que la hacía única e irrepetible. Pero detrás de esa apariencia para muchos grotesca o ridícula se escondía una mujer feliz y una excelente profesional.

Cuando se cruzaba por los pasillos del juzgado sus colegas la miraban de soslayo, intentando ocultar sus maliciosas sonrisas. Trabajando suavizaba  su peculiar estilo, pero seguía manteniendo su esencia. Todos la respetaban y temían competir con ella en los tribunales. Pocos casos se le resistían, Sofía era una de las mejores abogadas laboralistas.

La primera vez que entré en su despacho  supe que era la persona adecuada. No me equivoqué.

Sonia, estamos ante un claro caso de discriminación por razón de aspecto físico, claramente tipificado en la ley Integral para la igualdad de trato, cariño vamos a desplumar a ese capullo. Eres una persona perfectamente cualificada para ejercer tu trabajo, si quiere una muñequita que se la busque en sus horas libres-espetó la abogada regalándome una amplia sonrisa de color carmín.

Aquí estamos  brindando con  una botella de  Gramona Celler, gran reserva.  No solo es mi abogada, sino ahora también mi amiga. Ganamos el caso, mi jefe tuvo que pagarme una suntuosa cantidad por daños morales y readmitirme. Pero lo más importante es que me insufló una buena dosis de su seguridad y de su empoderamiento como mujer. La autoestima es un valor que ninguna medida, ni canon preestablecido puede devaluar. Sofía me ayudó a creer en mí.

-Nena ¿ves a ese morenazo que está en la barra, el enchaquetado? voy a por él cariño y tú deberías de venir conmigo, su amigo no te quita el ojo- me dice mientras se atusa su larga melena y se baja su minúscula minifalda.

Sonrío mientras la veo alejarse, escuchando el ruido de sus tacones rojos. No puedo con ella, nunca conoceré a una mujer igual. Gracias Sofía. Me levanto y me miro durante un segundo en el minúsculo espejo del bar. Y por qué no… allá voy.

 

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Respuestas

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  1. Con buenas dosis de humor, como nos gusta de ti, Puri!

    Y al capullo del jefe, que le den! jejejeje

  2. Muy bueno, una personalidad la de Sofía extraordinaria. Rompiendo barreras y esteriotipos. Qué importan las apariencias si la esencia está en el interior. Bravo Sofía.

  3. Que gran relato de nuevo, Puri. Es maravilloso como lo has escrito. Ese toque de sensualida, mezclado con humor. Que personalidad la de tu personaje. Me ha encantado.... Puri, amiga .... lo bordas  

  4. Me ha encantado como la has descrito, la estaba viendo. Una mujer de armas tomar, sin ningún complejo y poniéndose el mundo por montera. Felicidades un relato genial.