Por la paz del bloque

No tengo nada de lo que arrepentirme. Su marido era insufrible, la versión masculina de Belén Esteban de la comunidad, con sus cuatro pelos teñidos de rubio y su barriga cervecera siempre asomándose por una camiseta de propaganda que se resistía a morir. Siempre estaba dando gritos y protestando por todo: que si la derrama de la fachada, que si los morosos del quinto, que si el mantenimiento de la piscina… Por su culpa empecé a tener pesadillas durante meses al pensar que ya todos habíamos sido presidentes menos él y pronto serían las elecciones del bloque.

Por eso no tuve más remedio. Como último acto en mi periodo de presidencia, convoqué una reunión de emergencia en el ático a sus espaldas, era él o nosotros. Primero fui tomando la temperatura del ambiente e introduciendo la idea a los más atrevidos. Después, lo sometimos a votación. Hubo muchos cuchicheos y algún que otro desmayo. Finalmente, fue su mujer, Magdalena, la que provocó el desempate y el resto se acordó aquella misma noche mientras él seguía en el bar. Por seguridad, y en caso de una futura investigación, solo la vecina del quinto y yo sabemos todos los detalles.

Ahora, Magda es la viuda presidenta de nuestra querida comunidad y yo vuelvo a dormir a pierna suelta.

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  1. Como me gustan tus relatos Alba, me sacan una sonrisa. Tema de la comunidad solucionado jaja