¿ Qué hago mi amor?

Sara se levantó despacio de la cama, no deseaba despertarle. Rozó sutilmente la piel de su pareja y besó con ternura el hombro desnudo. Después le cubrió con el edredón con un gesto maternal. Contempló la paz que transmitía aquel rostro durmiente.

Llevaba semanas de insomnio provocado por los pensamientos que llenaban su cabeza. Se levantó a fumar en medio de la noche. Salió al balcón, desde la butaca miró la cama. Le sorprendía aquella capacidad de dormir profundamente, sin ruidos, ni ronquidos.

Era tan introvertida que ni siquiera se mostraba a la persona que más amaba en el mundo. No quería hacerle daño. Tras dos años de relación, una buena convivencia aderezada con grandes dosis de amor se animó a formar una familia.

El plan era perfecto Sara podría coger una excedencia del trabajo cuando naciera la criatura. Mientras tanto tendrían que vivir del restaurante que estaba siendo todo un éxito. En apenas seis meses se convirtió en el local preferido por los artistas más vanguardistas. La clientela tenía que reservar con más de quince días de antelación.

Sara se sentía estancada profesionalmente, así que la maternidad le serviría para reencontrase consigo misma hasta que un martes fue convocada a una reunión con su jefe. Éste le propuso un ascenso. Tendría que cambiar de ciudad. Fue un fuerte impacto, y tenía que estudiar la propuesta. Casi había transcurrido el plazo y aún no tenía una decisión tomada.

En plena madrugada estaba sentada dando caladas a su cigarrillo. Cuando terminó se quedó paralizada con la mirada perdida. Miró el reloj, comprobó que faltaba poco para levantarse. Decidió preparar el desayuno, y confesarse durante ese tiempo. No tenía nada claro pero un instinto le indicaba no perder la oportunidad.

Preparó la mesa con el desayuno y unas flores. Despertó a Aurora con un dulce beso y la mejor de las sonrisas.

—Amor, he preparado café y tostadas. Tenemos que hablar—dijo mientras le daba otro beso.

Su compañera la miró estupefacta. Sus ojos se tornaron vidriosos y se rostro se entristeció.

—No pasa nada, es un tema laboral—sentenció para relajar el ambiente.

La chica dejó escapar una leve sonrisa, pero sus ojos y su cuerpo continuaban contraídos.

Le cogí la mano y la miré fijamente. Tragué saliva antes de dispararle a bocajarro mi decisión.

—Me han ofrecido un ascenso, que implica cambiar de ciudad. Llevó días sin saber qué hacer. No quiero defraudarte pero es el sueño de mi vida. Tenemos que aplazar nuestros planes de formar una familia. No te puedo exigir que me sigas, tampoco me gustaría renunciar a ti pero quiero intentar esta mejora profesional. ¿Y tú qué opinas?

—Tendrás que viajar mucho. Yo no podré hacerlo por el restaurante—contestó con el rostro más relajado.

—Lo haré encantada. Gracias por tu comprensión. Te quiero.

 

El destino le ponía en bandeja aquel sueño, cuando acababa de trazar un proyecto de vida. Estaba atrapada porque no deseaba renunciar a la maternidad, ni a su pareja.

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Respuestas

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  1. Enhorabuena, Bel! Aunque ya lo digo a toro pasado, es un gran relato lleno de sensibilidad y humanidad. Respeto y confianza en la pareja, así debería ser…

    1. Gracias por tus palabras. Me encanta que te haya gustado. Viniendo de tí, es todo un honor recibir tus palabras. Mil gracias , Maestro