Reinos enfrentados 

El hijo del rey Uther estuvo bajo la custodia de Merlín, el mago más poderoso de entre los reinos, desde bien pequeño. Arturo no debía ser descubierto, pues grandes males se cernían sobre el reino a la espera de acabar con la vida de su padre. Por ello, Merlín viajó con el muchacho y permanecieron lo más alejados que les fue posible. Pasaron inadvertidos en un castillo donde Arturo entabló amistad con Kay, el hijo del dueño y señor de aquellas tierras.

Imagen: Daniel Pérez en Artstation

—¡Ya has vuelto, Merlín! —gritó Arturo al verle entrar por el portón principal.

—Debemos hablar —anunció el mago con semblante serio.

Arturo conocía sus orígenes, puesto que Merlín le contó acerca de las numerosas batallas en las que participó su padre antaño. Aunque el muchacho comprendía a Uther, al mismo tiempo le odiaba en secreto por obligarle a exiliarse del reino junto con Merlín. Aunque el mago regresaba varias veces al mes para asesorar al rey.

Al dirigirse a sus aposentos, Merlín comenzó a hablar:

—Arturo —el mago pensó en suavizar el golpe, pero prefirió no andarse con rodeos. Arturo ya era lo suficientemente mayor como para comprender los horrores de la guerra—, tu padre murió anoche en combate.

—Así que ha llegado la hora, ¿verdad? —Arturo se giró para evitar que el mago le viera llorar—. Merlín, no creo que esté preparado para…

—¡Tonterías! —el mago se acercó y le cogió de los hombros y le miró con fijeza—. Yo mismo te eduqué para cuando una situación como esta sucediera. ¿Recuerdas la leyenda?

—Excálibur, la espada clavada en una roca a la espera de que el próximo rey la arranque de su descanso eterno.

Al día siguiente, Arturo, Merlín y Kay partieron hacia la localización de tan ansiada arma. Uther siempre supo que el destino de su reino pertenecería a Arturo, pero el padre de Kay no estaba tan de acuerdo. Nada más llegar, la espada resplandecía con la luz del sol. Kay fue el primero en probar a sacar la espada. Aunque tiró con todas sus fuerzas, no fue capaz de hacerse con ella.

—Maldito enclenque —masculló el padre quien, tras empujarle para quitarle del medio, se dispuso a aferrarse a la espada.

El hombre suspiró y apretó los dientes. No consiguió moverla ni un milímetro. Arturo fue el último en probar. Cuando el joven tiró del arma, un resplandor le hizo salir disparado varios metros hasta impactar con un árbol.

—Estaba convencido de que lo lograría —se llevó una mano a la cabeza, donde de una brecha manaba sangre—. Creo que quizá debas intentarlo tú, Merlín.

Merlín avanzó en dirección a la espada y la aferró con ambas manos. El mago hizo una mueca de esfuerzo al ser incapaz de lograrlo.

—Era de esperar —rio entre dientes el padre de Kay—. Un simple mago jamás podría…

Entonces Merlín agarró la espada con su mano derecha. El filo fue volviéndose más y más largo al extraerla de la roca. Arturo se puso en pie y comenzó a dar brincos de alegría. Sin embargo, tal felicidad desapareció cuando el mago acabó con la vida de Kay y de su padre. Se acercó a Arturo y Merlín se quedó mirando el horizonte.

—¿Por qué? —sentado en el suelo sosteniendo el cuerpo de Kay, el muchacho no pudo contener las lágrimas al ver como la luz abandonaba los ojos de su amigo—. Tú no eres así.

—Arturo, tú no me conoces en absoluto —el mago se agachó y le susurró al oído—: ¿Acaso sabes lo que disfruté envenenando, poco a poco, a tu padre? —los ojos de Arturo se abrieron de par en par—. El reino espera a su nuevo rey junto a Excálibur. Ahora tan solo serás el muchacho que mató a estos dos hombres a sangre fría —Arturo cayó en un profundo sueño debido a la magia de Merlín, quien absorbió el poder de la espada.

Merlín fue nombrado rey al alzar a Excálibur ante todos los aldeanos. El mago protegió su reino al despertar sus nuevos poderes. Así, su nombre fue conocido en todo el mundo por conquistar y expandir sus dominios destruyendo a todo aquel que osase interponerse en su camino. Arturo, por el contrario, fue condenado a pasar el resto de sus días en una celda a la espera de reencontrarse con su padre. Sin embargo, los caballeros del reino estaban en contra de que un mago fuese su rey, por lo que salvaron a Arturo, huyeron y crearon un poderoso imperio en el que antaño fue el castillo del padre de Kay. La leyenda de los caballeros de la mesa redonda se extendió por los reinos y se formó la mayor alianza jamás creada contra la magia. La batalla no había hecho más que comenzar.

Imagen: Daniel Pérez en Artstation

Recommend0 recommendationsPublished in CONCURSOS, FANTASÍA, FICCIÓN, HISTORIAS, JUVENIL

Artículos relacionados

Respuestas

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *