Sed de venganza

Nunca dudaste de mi, creías que era totalmente fiel a tus objetivos.

Pero yo nunca borré de mi memoria la habitación bañada de color purpura, con la sangre de mis padres.

Era muy pequeña y tú te auto declaraste mi dueño y señor.

Me enseñaste todo lo que sé, creaste un arma totalmente mortal. Pero nunca desconfiaste de mí. Me criaste como si fuera tu hija, con la diferencia que no me diste una enseñanza de padre sino de aquel que busca un interés personal. Y yo me dejé llevar simplemente por mi sed de venganza.

Cuando ya tuve edad para matar no dudaste en darme un arma y enviarme a la calle para cumplir tu cometido.

Todos fueron hombres que alguna vez gozaron de tu confianza pero tú decidías cuando terminaba.

Hombres sedientos de deseos, que a mí me producían repugnancia de tan solo verlos, así que no sabes cómo creció mi odio hacia ti cuando me echabas a sus brazos para que luego los ejecutara.

De tan solo pensarlo, siento la horrible sensación de sus manos asquerosas sobre mi cuerpo, que aunque no dejaba de restregarme con agua y jabón nunca logré deshacerme de ella.

Aún tengo impregnada en mi nariz el olor penetrante y metálico de la sangre cuando fluía de sus cuerpos.

Ahora he llegado a mi punto límite, ya estoy harta de ti y de todo tu entorno. Ya puedo realizar mi objetivo y terminar con este calvario. Soy mayor y puedo arreglármelas sola, aunque solo sepa matar, ya no será para ti.

Por eso hoy es mi momento, te tengo delante mío suplicando por tu vida, cosa que no estoy dispuesta a ceder.

Tu ojos se fijan en los míos llenos de lágrimas, mi mano empuñando el arma fuertemente en el centro de tu cabeza. Un, dos, tres…todo ha terminado y ya puedo respirar.

Recommend0 recommendationsPublished in CONCURSOS

Artículos relacionados

Respuestas

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *