Si lo sueñas, lo creas

Son las dos de la madrugada, no puedo dejar de teclear. Estoy emocionada, las frases bailan en mi mente, se organizan, es como una coreografía sin música. Es el epilogo final de mi primera novela. Me retiro del ordenador por un instante, lleno mis pulmones de aire; tan solo han pasado tres meses desde que empecé esta maravillosa aventura. Todo un reto para mí.

Siempre me había gustado escribir, pero como catarsis liberadora cuando algún novio me partía el corazón o cuando me volvía a enamorar, entonces solo las letras conseguían plasmar toda la magia del amor. Después fueron, pensamientos, reflexiones, anécdotas; escribir se estaba convirtiendo en una pasión que me robaba horas de vigilia o que me hacía soñar despierta, ¿y si algún día escribía un libro? Algunas publicaciones compartidas en las redes sociales para los más allegados, habían sido mis únicos intentos por mostrar esa faceta mía. Escritora. Esa palabra tenía tanta fuerza, tanto contenido, implicaba tanta responsabilidad, que me hacía sentirme pequeña ante ella. Muy pequeña.

Fue durante la pandemia. Me había animado a participar en un concurso por Instagram, microrelatos que tenían como disparador creativo una foto. Gané varias semanas, tenía ciertos lectores que me seguían. Aquello fue muy motivador, que lo que escribes, esos retazos de tu alma sean leídos por otras personas y que les llegue, era una sensación indescriptible. Entonces lo conocí a él, era compañero en esta plataforma, sentía una profunda admiración por su estilo. Un escritor con una imaginación desbordante que nunca me dejaba indiferente. Hablamos, nos hicimos amigos. Acababa de publicar su primera novelette y tenía más de trece terminadas en apenas dos años, jamás imaginé que alguien pudiera ser tan prolífero. Una tarde de marzo en pleno confinamiento me propuso escribir una novela juntos. Mi primera reacción fue rehusar, no me sentía preparada, no me sentía escritora. ¿Realmente iba a ser capaz de crear arte con la literatura?, esa definición en el diccionario hacía que se me erizara la piel. Para mí la escritura es el arte de navegar por las emociones. ¿Sería capaz de conseguirlo?

Jamás olvidaré sus palabras:

− ¿Tú crees en mí? – me dijo un día.

−Pues claro, sabes cuánto te admiro eres un magnifico escritor- le respondí sin titubear.

−Pues entonces yo creeré en ti, hasta que tú seas capaz de creer en ti misma. Tienes una sensibilidad especial, sabes llegar a la gente, creo que podríamos hacer algo juntos- me dijo con una seguridad aplastante, la que yo no tenía.

Tres meses después ese sueño inicial, estaba a punto de batir sus alas al viento. No fue fácil trabajar a dos manos una historia, nuestros estilos eran tan diferentes. En la distancia, sin conocernos; él un catalán y yo una andaluza a miles de kilómetros. Pero lo conseguimos. Matamos y resucitamos personajes, lloramos con ellos. Discutimos tramas, giros, incluso creamos una metodología de trabajo, a veces por ensayo y error. Nos sentíamos muy orgulloso de nuestra obra.

Casi se me cierran los ojos, sonrío pensando en todo el proceso. Él fue el que me fue orientando en el tema de la autopublicación, tenía experiencia previa. Yo me dejaba asesorar e intentaba saber un poco más de ese desconocido mundo. Barajamos las opciones: autopublicación por Amazon, editoriales tradicionales. Todas tenían sus ventajas e inconvenientes. Nos decidimos por una editorial pequeña, el margen de beneficio era menor, pero preferíamos dejar la corrección, maquetación y portada en manos de profesionales. El precio que teníamos que invertir era asumible. Era mi sueño, su sueño, nuestro sueño.

De nuevo mi chica en el Andén, me espera. Aparto mis pensamientos y me centro de nuevo en ella. Soy Lía, siento como ella, mis dedos se mueven frenéticos por el teclado del portátil. Estoy a punto de poner una palabra, solo tiene una sílaba, en cambio, encierra una emoción inconmensurable para todo escritor: Fin

Me retiro de la silla, me quito las gafas, releo de nuevo las ultimas frases.

“Su esbelta figura y el largo cabello pelirrojo, con las características ondas que rozaban su rostro, fueron rápidamente reconocidos por los hombres del andén vecino, y sus penetrantes y anhelantes miradas, provocaron que la mujer se volteara a mirarlos, resultando este hecho, en el cruce inevitable de tres destinos entrelazados para siempre; en el andén…”

Ya solo puedo escuchar los latidos acelerados de mi corazón. Le mando un correo a mi amigo, le adjunto el archivo y escribo:

“Daniel, terminada, espero que te guste, no sé si voy a poder dormir de la emoción. Gracias por creer en mí, cuando yo no lo hacía. Me siento escritora. Soy escritora. Te quiero amigo”.

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Respuestas

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  1. Una historia preciosa Puri y real como la vida misma. Fue una suerte que Dani creyese en ti hasta que tu fuiste capaz de creer en ti misma. Gracias a eso ahora podemos leer vuestro libro “El Andén” y muchos más que vendrán a continuación. Eres una gran escritora, a los que te hemos leído no nos cabe ninguna duda.

  2. Lo primero, gracias Daniel por animarla en este proyecto tan bonito y despertar el don que tiene esta escritora tan maravillosa, que hace que viajemos con sus letras. Preciosa historia amiga. Es un placer leerte siempre.

  3. Me ha encantado Puri, una historia con una experiencia inolvidable. Se han encontrado dos almas que se unieron para crear una obra, de forma maravillosa, por medio del arte de la escritura. Y lo han sabido trasmitir muy bien en “EL Anden”.