SÍGUEME

Se sentía satisfecho por haber tomado la mejor elección en su vida. Vivir a las afuera de la ciudad. Una casa en medio del bosque.

Los únicos vecinos estaban a tan solo cinco minutos andando. Era una pareja que Arturo supuso que eran  franceses o belgas por el acento. Se le ocurrió que convendría presentarse.

Le recibió un gato negro de ojos amarillos que le miraba fijamente y le escrutaron de una forma tan altiva que le produjo un escalofrío por la espalda, nunca se había fiado de los gatos negros. El hombre le recibió desconfiado, le confundió con un vendedor. Se acercó a la verja y sin abrirle, una vez aclarada su intención, le agradeció el detalle sin mucho entusiasmo. La mujer estaba en la puerta de la casa con la mirada ida.

No le importaba aquel recibimiento, no tenía ninguna intención de socializar. Lo único que necesitaba al finalizar el día era desconectar del trabajo y disfrutar del silenció que le ofrecía el idílico entorno donde estaba su casa. Una vida tranquila.

Antes de cenar se dio una ducha caliente, el vaho había empañado el espejo del baño. Se puso el albornoz y con la manga lo limpió. Se sobresaltó al ver reflejado en él al gato de los vecinos y dejo escapar un grito. El gato aguanto pétreo con su mirada inquisidora. Se aproximó y emitió un ronroneo. Arturo intentando mantener la calma le acarició el lomo. Al comprobar su docilidad pensó:

«Vaya, puede que nos llevemos bien»

ꟷSe puede saber qué haces aquí ꟷse sorprendió al oírse hablar con un gato, no era muy amante de los felinos

El gato entorno la cabeza como si le hubiera entendido y sus ojos amarillos ahora transmitían otra cosa bien distinta. Eran unos ojos desvalidos y tristes. Maulló y con paso sigiloso abandonó el baño.

Durante varios días la visita se repitió, no podía creerlo, pero al llegar a casa el gato le esperaba y se alegraba al verlo. Los prejuicios contra los gatos negros se desvanecieron. Desde que el gato venía, la suerte le sonreía en todos los aspectos de su vida.

El domingo por la mañana bien temprano salió a pasear, a la altura de la casa de los vecinos se detuvo buscando al gato. El vecino cavaba una zanja junto al huerto, el gato al verlo se subió de un salto a la valla y notó que su mirada era distinta, volvía a ser distante, amenazante. El saludo que lanzó en voz alta, no fue correspondido. El vecino tiró la azada y se metió en la casa. El gato lo miró fijamente, fue hacía el garaje mientras volvía la cabeza controlando que Arturo le miraba. Tuvo el presentimiento que el gato le quería comunicar algo.

Decidió no elucubrar cosas raras y continúo su paseo. Ya de vuelta, vio que el coche del vecino no estaba aparcado. Se aproximó a la verja. El gato salió a su encuentro, no paraba de maullar, cada vez más fuerte. Era como si estuviese pidiendo auxilio iba y venía del garaje a la verja.

«Me estaré obsesionando, pero aquí pasa algo»

Saltó la verja, y siguió al gato. Se asomó por la ventana del garaje y del hedor tuvo que taparse la boca, casi vomita.

 «Será mejor que me vaya, esto no tiene buena pinta»

En ese momento oyó el motor de un coche. Saltó por la ventana y se metió dentro.

Un sudor frío impregnó su cabeza, instintivamente se ocultó tras un armario. Vio como el gato estiraba de una manta dejando al descubierto un cuerpo en descomposición. No podía creer lo que estaba viendo. Notó como su corazón se aceleraba, le faltaba la respiración. Temía ser descubierto. Había descubierto un cadáver y ahora él podría ser la próxima víctima.

La puerta del garaje se abrió lentamente, el coche entró y su dueño al bajar del coche se dio cuenta de que no estaba solo. Arturo temblaba, no podía moverse, el pánico le había paralizado todo el cuerpo, vio como el vecino agarraba un hacha y cayó desplomado. Se acurrucó y cerró los ojos.

Un gran estruendo le obligó a abrirlos, su orina resbalaba entre sus piernas. Ante él, el vecino yacía inconsciente bajo una estantería de metal y el gato sobre él.

Le había salvado la vida al provocar con un salto la caída de la estantería.

Buscó una cuerda para amordazar al vecino antes de que despertara. Marcó el teléfono de la policía y con voz trémula comunicó lo ocurrido.

Sentado en el suelo intentando recobrar la calma, el gato se aproximó y se refugió en su regazo.

ꟷDesde ahora tú y yo vamos a ser grandes amigos gato.

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Respuestas

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  1. Me ha encantado tu historia, ese gato avisando del crnen.Un relato inquietante y muy bien escrito, genial amigo.